261Con la diferencia de que lo nonidad
neoplatónica
consta de tres por tres es
calones, mientras que el infierno medieval se compone de los cinco anillos del in
fierno exterior más los cuatro anillos del infierno interior.
calones, mientras que el infierno medieval se compone de los cinco anillos del in
fierno exterior más los cuatro anillos del infierno interior.
Sloterdijk - Esferas - v2
] y dejó tras de sí la en
voltura de aire, penetró en el cielo, atravesó las estrellas, traspasó los límites del
mundo y destruyó los muros imaginarios de la primera, octava, novena, décima y de
más esferas que necios matemáticos y el ciego ver de vulgares filósofos hayan pre
tendido añadir [. . . ]. Así pues, estamos capacitados para descubrir el efecto infinito
de la causa infinita [. . . ]. No necesitamos buscar la divinidad en la lejanía; pues está
cerca de nosotros» (G. B. , Das Aschermittwochsmahl, Frankfurt 1981, págs. 92-93).
,w>Aristóteles, Sobre el mundo, Stuttgart 1991, pág. 19.
200Así como hoy se reconoce a los auténticos sistemáticos por su estilo de pensar
«desde el sistema», cosa que exige una ascesis parecida (o sea, la renuncia a partir de
la conciencia, a partir de lo vivido o del ser humano).
201Encadas VI, 9, 11, 43.
202Citado según: Emst Cassirer, Individuum und Kosmos in der Philosophie der Re-
naissance, Darmstadt 1977, pág. 201.
205 Cfr. Klaus Hedwig, Sphaera lucis. Studien zur Intclligibilitát des Seienden im Kontext
der mittelalterlichen Lichtspekulation, Münster 1980.
899
aMRainer Mana Rilke, Elegías deDuino (1912-1921). Segunda elegía.
205Cfr. Max Horten, Die Philosophie des Islam, Munich 1924, págs. 234-235. Visto en
su conjunto, las ventajas dogmáticas del pensamiento islámico, sobre todo el decidi
do teísmo trascendente, mantuvieron en jaque las veleidades neoplatónicas mejor
que las teologías cristianas.
206Maurice Merleau-Ponty, DasAugeundderGeist. PhilosophischeEssays,Hambur-
go 1984, pág. 39.
207Cfr. Jan Assmann, «El hombre bidimensional: la fiesta como médium de la me
moria colectiva», en DasFest und das Heilige,]an Assmann y Theo Sundermeier (eds. ),
Gütersloh 1991, págs. 13-30.
208Max Bense; cfr. supra la Introducción: «Geometría en lo inmenso. El proyecto de
la globalización metafísica», pág. 44.
209«El ser humano sale entonces de la contemplación inerte y al atardecer ya ha
construido un edificio que conformó desde su sol interior; y cuando ahora lo con
templa al atardecer, lo considera superior al primer sol externo», G. W. F. Hegel, Lec
ciones sobre historia de la filosofía (Werke in zwanzig Bánden, vol. 12, pág. 134).
210Plotino, Enéadas i, 7, 1, 23.
21 Enéadas V ,
84, 4.
2,2 Cfr. Máxime Rodinson, De Pythagore á IJnine. Des activismes idéologiques, París
1993.
2I*Cfr. Esferas i, «Introducción», págs. 39-51.
2,4 Cfr. Esferas I, capítulo 1: «Operaciones de corazón o: Sobre el exceso eucarístico»,
págs. 102-ss.
‘ns Cfr. Esferas i, capítulo 6: «Compartidores del espacio anímico. Angeles, gemelos,
dobles», págs. 393-ss. Frente a la tradición condenatoria católica, hay que recordar que
Mani enseñó una teología de la tolerancia y que, como primer genio ecuménico, ha
bía captado la conexión intrínseca de las religiones, enemigas de masacres, de Asia y
de Europa.
216Con respecto a la expresión con, cfr. Esferas 1, capítulo 5: «El acompañante ori
ginario. Réquiem por un órgano desechado», págs. 324-ss.
217 Eugen Rosenstock-Huessy, Die Sprache des Menschengeschlechts. Eine leibhaftige
Grammatik in vier Teilen, 2. fi vol. , Stuttgart 1964, pág. 862.
2I*Hans Neumann, MechthildvonMagdeburg. DasfliessendeLichtderGottheit,volu
m en i, texto, M unich y Zurich 1990, pág. 310.
219 Que en realidad presenta una antología de textos sacados de las Enéadas de
Plotino.
229 Líber viginti quattuor philosophorum, Francoise Hudry (ed. ), Turnhout 1997, en
Corpus Christianorum, Continuado Medievalis cxuil A, págs. 5, 6 y 25. (La traduc
ción procede de Kurt Flasch, Süddeutsche Zeitung, 17 de mayo de 1997, pág. 33. ) [El li
bro de los veinticuatrofilósofos, Paolo Lucentini (ed. ), trad. de Cristína Sema yJaume
Pórtulas, Siruela, Madrid 1999. ]
221 Dietrich Mahnke, en su estudio Unendliche Spháre und Allmittelpunk (ver nota
900
197), págs. 144-ss. , muestra cómo el Maestro Eckhart, al interpretar y desarrollar las
ideas del libro de los veinticuatro filósofos, refuerza su impulso, poniendo en cone
xión especialmente estrecha, para ello, la proposición 18 y la 2.
222 Cfr. Giorgio Agamben, «L’Immanence absolue», en Gilíes Deleuze, bajo la di
rección de Eric Alliez, Le Plessis-Robinson 1998, págs. 165-188; el estudio de Agamben
sobre el casi testamentario, pequeño y poderoso artículo de Deleuze «L’Immanence:
une vie. . . » testimonia una metamorfosis moderna del problema metafíisico de cómo
pensar la individuación del absoluto. En Esferas m se seguirá esta pista.
223 Hermann Schmitz, System der Philosophie, parte III, vol. 4, Das Gottliche und der Raum, § 218, Bonn 1977, 1995, pág. 258.
224Cfr. el capítulo del círculo (págs. 165-239) en el determinante estudio de Wer-
ner Beierwaltes Proklos. Grundzüge seiner Metaphysik, Frankfurt 1979.
225Desde este punto de vista se explica la ambición especulativa de autores con
temporáneos como Ken Wilber (Eine kurze Geschichte des ¡Cosmos, Frankfurt 1997) y Ar-
thur Zajonc (Die gemeinsame Geschichte von Licht und Bewusstsein, Reinbeck bei Ham-
burg 1994), que quieren proporcionar al estallido originario una historia posterior
reflexiva. Ahí se esconde, casi sin disimulo, la exigencia teológica o filosófico-origi-
naria de que la explosión hubo de producirse tan calculadamente que en ella se pen
sara ya en la aparición posterior de teóricos suyos. Un big bang finalizado no es más
que la mónada, familiar a los teósofos, «que engendra una mónada y la hace retro-
flexionar hacia sí en un único soplo ardiente».
226«Del cáliz de este reino de los espíritus rebosa para él su infinitud», Fenomeno
logía del Espíritu, 1807, estrofa final.
227Dado que Heidegger no se da cuenta de esto, por medio del antibiologismo
de su ontología fundamental repite la traición a lo vivo que se produce en la ten
dencia moderna a un concepto neutro o neutral del ser, sin más. En su obra tardía
intenta compensar esa traición mediante una ontologización del lugar salutífero y de
la palabra condicionada por el ser. Deleuze, al revés, siguiendo en esto a Fichte y a
Nietzsche, se mantiene en el absolutismo de lo vivo, aunque sirve a la Modernidad
con una alabanza ilusa del devenir sin límites y de la movilidad sin suelo. Así, dos emi
nentes pensadores del siglo xx dieron sólo expresión a la polémica originaria de la
edad moderna, la contradicción entre inmunidad e infinitud, sin hacerle realmente
justicia.
wh jye consolalione philosophiae v , <», 4.
229Una visión parcial de las psicologías profundas prefreudianas ofrece Esferas I,
capítulo 3: «Seres humanos en el círculo mágico. Para una historia de ideas de lafasci
nación de la proximidad», págs. 197-244.
230Sámtliche Werke, Kritische Studienausgabe, vol. 3, Munich 1980, pág. 480.
231 Émile, citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung,
Frankfurt-Berlín-Viena 1985, pág. 104.
232Ibid,, págs. 133-134.
233Paralipomena zum Blütenstaub, n. e 131. Sobre la «Sphároidik» (esferóidica) y
901
«Enzyklopádistik» (enciclopedística) de Novalis, cfr. Dietrich Mahnke, Unendtiche
Spháre und AUmittelpunkt, Halle 1937, págs. 2-5.
234 Cfr. elmagistrallibrodeKurtFlaschNikolausvonKues- GeschichteeinerEnt-
wicklung. Vorlesungen zur Einfúhrung in seine Philosophie, Frankfurt 1998, pág. 576.
255 De ludo globi n, en Nicolás de Cusa, Philosophisch-theologischen Schriften III, Vie-
na 1989, pág. 313. Probablemente, Nicolás sólo cita la mitad de la ominosa frase por
que su segunda mitad (circumferentia nusquam) le parecería inapropiada parajóve
nes.
2. 6Ibid. , pág. 261.
2. 7 Ibid. , pág. 297.
258El Cusano, con cierta despreocupación, transformó deus est sphaera infinita con
virtiéndolo en deus est circulas; cfr. supra las págs. 407-ss.
239Cfr. Heinrich Dumoulin, Geschichte des Zen-Buddhismus, vol. II, Berna 1986, págs.
252-ss.
240Nicolás de Cusa (ver nota 235), pág. 275.
241 Quia non potestpatrem utpatrem ostendere, nisifiUus. Ibid. , pág. 296.
242Ibid. ypág. 299; la cursiva es nuestra.
243Ibid. , págs. 271-273.
244El Cristo cusano cumple arquetípicamente la condición que trata Plotino en
la «mística» Enéadav1, 9: que el asimilado en el Uno «ensambla, por decirlo así, pun
to medio con punto medio».
245Ver nota 235, pág. 296.
246Ibid. , págs. 229-231: «Si fuera posible colocar a alguien fuera del mundo, éste le
resultaría invisible del mismo modo que el punto indivisible». «Nada en absoluto es
visible con respecto a la redondez verdadera. »
247Ibid. ypág. 335.
248IbidLypág. 307.
249Cuando Kurt Flasch, en relación con los círculos del juego de bolos, afirma
que figuran «también las esferas celestes» (ver nota 234, pág. 596), en una primera
lectura ello no parece corresponder exactamente al texto: pero no es, sin embargo,
falso, porque refleja la irresolución fundamental del Cusano entre si pretende hablar
de cubiertas aristotélicas o de órdenes angélicos areopagíticos.
250Ver nota 235, pág. 337.
251 Stefan Meier-Oeser, Die Prásenz des Vergessenen. Zur Rezeption der Philosophie des
Nikolaus Cusanus vom 15. bis zum 18. Jahrhunderty Münster 1989.
232Enjulio de 1742, al final de un proceso centenario contra los llamados «ritos
chinos», por la bula Ex quo singulari, Benedicto XIV prohibió a los misioneros en In
dia y China, especialmente a los jesuítas, la asimilación a las culturas de esos países.
Sólo Juan Pablo II, con ocasión de una recepción a eclesiásticos chinos durante su
viaje a Filipinas en febrero de 1981, expresó su pesar por esa decisión político-misio
nera equivocada.
253 Recientemente, la liquidación de la última cubierta ha sido tratada otra vez en
902
detalle por Jean-Michel Lemer, Le monde des spheres, vol. 11, La fin du cosmos classique, París 1997, cap. vi: «La sphére des fixes abolie», págs. 137-189.
254Para More y Malebranche, cfr. Alexandre Koyré, Del mundo cerrado al universo
infinito (ver nota 177), págs. 119-ss. y 144-ss.
255Friedrich Nietzsche, Diefrohliche Wissenschaft, § 125, Sámtliche Werke, Kritische Stu-
dienausgabe, vol. 3, Munich 1980, págs. 481-482.
256IbicL, pág. 480.
257IbicL, pág. 438.
258Dante, Inferno, canto 3.
259Para esta formulación, que remite a una doctrina del cuarto concilio latera-
nense, cfr. supra el capítulo 4: «El argumento ontológico de la esfera», nota 163, págs.
334-ss.
260Cfr. supra la pág. 344-ss.
261Con la diferencia de que lo nonidad neoplatónica consta de tres por tres es
calones, mientras que el infierno medieval se compone de los cinco anillos del in
fierno exterior más los cuatro anillos del infierno interior.
282Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs.
407-502.
265 Cfr. Osip Mandelstam, Gesprách über Dante, en Gesammelte Essays, vol. 2, 1925-
1935, Zurich 1991, pág. 187: «(El infierno) es una metrópoli en todo el sentido de la
palabra» [ Coloquio sobre Dante; La cuarta prosa, Visor, Madrid 1996].
264Cfr. supra el capítulo 3: «Arcas, murallas de ciudad, fronteras del mundo, sis
temas de inmunidad», págs. 235-ss. , así como infra el capítulo 7: «Cómo a través del
medio puro el centro de las esferas actúa en la lejanía», págs. 617-ss.
265En las Memorias de un neurópata de Daniel Paul Schreber, que habrían de ser
leídas como uno de los comentarios más significativos de la estructura y función de
la metafísica clásica, se encuentra un fantasma que ilustra perfectamente la idea de
un círculo contrapuesto, surgido por abuso anímico: «La imagen que tengo de ello
en la cabeza es sumamente difícil de expresar en palabras; parecía como si la cúpu
la celeste estuviera revestida en todo su contorno de nervios -sacados, a buen segu
ro, de mi cuerpo- que los rayos divinos no conseguían saltar, o que les ofrecían al
menos un obstáculo mecánico, de modo más o menos parecido a como una fortale
za sitiada acostumbra a protegerse frente al enemigo atacante mediante murallas y
fosos». DerFall Schreber, vol. 1, Wiesbaden 1972, pág. 79.
268Seguiremos desarrollando esta consideración (enlazando con un motivo de
Hermán Melville) en el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la
globalización terrestre», págs. 695-s.
267Cfr. Martin Heidegger, Conceptosfundamentales de la metafísica, mundo - finitud
- soledad. En estas lecciones del semestre de invierno 1929-1930, que contienen esbo
zos filosófico-naturales, singulares dentro de su ceuvre, Heidegger pone de relieve el
ser-en-el-mundo típicamente humano frente a la indigencia de mundo de la impli
cación animal en el entorno y a la falta de mundo de las piedras.
903
Citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung, Frankfurt-
Berlín-Viena 1985, págs. 120*121.
** Ibid. , pág. 290.
270Cfr. supra el capítulo 5: «Detis sive sphaera», págs. 463-ss.
271Cfr. Jacques Le Golf, Lanaissancedupurgatoire,París 1981,págs. 9-27:«Le troi-
siéme lieu» [Elnacimientodelpurgatorio,Taurus, Madrid 1985].
272Cfr. Cari von Linné, Nemesis divina, Wolf Lepenies y Lars Gustafsson (eds. ), se
gún la edición sueca de Elis Malmestróm y Telemak Fredbáij, Munich 1981.
*’7HC u s í
s'osserva in me lo contrapasscr. Inferno, canto 28, 142. («Y en mí se cumple la
contrapartida»: el hablante es el trovador Bertrando dal Bomio, que está encerrado
en el infierno de los malos consejeros; así como durante la vida había sembrado dis
cordia entre un padre y un hijo, ahora, en el infierno, tiene que despedazarse a sí
mismo y andar por allí con su propia cabeza cortada en las manos. )
274 Para el «primer» imperativo categórico, cfr. Esferas i, pág. 454
275Cfr. Elaine Scarry, Der Kórper im Schmerz. Die Chiffren der Verletzlichkeit und dieEr-
findung der Kultur, Frankfurt 1992, págs. 41-90, donde la autora, mediante una sutil fe
nomenología del tormento, analiza la desintegración del mundo y del yo que causa
el dolor.
27,1 Cfr. Ludger Lütkehaus, Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbewussten
vorFreud, Frankfurt 1995, págs. 2-7.
27Cfr. infra el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la globa-
lización terrestre», págs. 813-s.
2TM«La pensée du dehors», en Critique 229, págs. 523-546 [Elpensamiento del afuera,
Pre-Textos, Valencia 1989].
27v Soren Kierkegaard, Kleine Schrifien 1848/1849, en S. K. , Gesammelte Werke, sec
ción 21-23, Gütersloh 1984, págs. 132, 121 y 134.
2H"Con ocasión de esto puede pensarse tanto en las sólidas residencias de los
grandes reyes persas como en el mantenerse (mone) del uno cabe sí mismo (saliendo-
de-sí y volviendo-a-sí simultáneamente) en el esquema de la tríada próclica.
281 Cfr. Jan Assmann, «La fiesta procesional egipcia», en Das Fest und das Heilige,
Jan Assmann y Theo Sundermeier (eds. ), Gütersloh 1991, pág. 120.
2*2 Goethe (Dichtung und Wahrheit i, 5) recuerda que el joven rey parecía real
mente perdido en sus solemnes vestimentas y hubo de sonreír sobre su propio dis
fraz; de María Teresa se dice que dos decenios antes, con ocasión de la misma cere
monia, al ver a su esposo, disfrazado, que a la salida de la catedral le ofrecía las
insignias de su reino, sufrió un ataque de risa: ningún buen presagio para los defen
sores de la presencia real.
2NSPuede hacerse plausible, mediante una deducción histórico-natural del com
portamiento animal dentro de su territorio, que las representaciones simbólicas no
están limitadas, en absoluto, a la presentación in absentia de eminencias políticas.
Cfr. para ello Thomas Kappe, «Notas para una biología de los límites», en Die Gren-
ze. Begriff und Inszenierung, Markus Bauer y Thomas Rahn (eds. ), Berlín 1997, págs.
904
133-146: «No siempre los territorios son tan pequeños que el límite efectivo pueda
ser señalado mediante la propia presencia. Hay que efectuar, entonces, marcas de
límites que sean efectivas también en ausencia del dueño del territorio [. . . ]. Los ras
tros olorosos permiten reconocer a un dueño de un territorio [. . . ] como un indivi
duo único, son tan inconfundibles como una huella dactilar. En ese sentido habría
que modificar la formulación: “Las señales olorosas son efectivas también en au
sencia del dueño del territorio”. El dueño del territorio, efectivamente, no está au
sente, sino presente por su olor en el límite». Para una ontotopología del olor, cfr.
supra el excurso 2: «Merdocracia. De la inmunoparadoja de culturas sedentarias»,
págs. 297-ss.
284Cfr. Jochen Hórisch, Brot und Wein. Zur Poesie des Abendmahls, Frankfurt 1992;
ibid. , «El ser de los signos y los signos del ser. Notas marginales a la ontosemiología
de Derrida», en Jacques Derrida, Die Stimme und das Phánomen. Ein Essay über das Pro-
blern des Zeichens in der Philosophie Husserls, Frankfurt 1979, págs. 7-50 [La voz y elfenó
meno, Pre-Textos, Valencia 1993].
285Kierkegaard, Kleine Schriften (ver nota 279), pág. 121.
286Cfr. G. E. Lessing, Minna von Bamhelm, acto m, escena 10: «Ypensamos que es
cribir cartas no es algo inventado para quienes pueden conversar oralmente unos
con otros siempre que quieran».
287Sobre este «cierre de la puerta» en la situación posprofédca, cfr. Jan Assmann,
Das kulturelle Gedáchtnis. Schrift, Erinnerung und politische Identitát in frúhen Hochkultu-
ren, 2. a ed. , Munich 1997, pág. 176; cfr. también T. Nagel, Die Festung des Glaubens.
Triumph und Scheitem des islamischen Rationalismus im 11. Jahrhundert, Munich 1988.
288Cfr. Erik Peterson, «El monoteísmo como problema político», en E. P. , Theo-
logische Traktate, Munich 1951, pág. 66.
289Cfr. Tilmann Moser, Gotlesvergiftung, Frankfurt 1976.
290 Servus fugitivus furtum sui facit. Cfr. Michael Wolff, Geschichte der Impetustheorie.
Untersuchungen zum Ursprung der klassischen Mechanik, Frankfurt 1978, págs. 94-95.
291Libro 11, Constitución 48, 23: «Ysi él (el comprometido en otra parte) se ocul
ta o intenta esconderse, hay que considerarlo como un esclavo prófugo, como si es
tuviera en la situación de una cosa robada, sin que exista prescripción del caso. . . »,
Leipzig 1991, págs. 250-251.
292La figura conceptual «autopropiedad» será fundamental para la historia de la
sociedad moderna, porque sólo mediante ella se vuelve expresivo jurídica y econó
micamente el estatuto de los proletariados en los «mercados de trabajo». Los prime
ros «trabajadores» auténticos proceden del levantamiento de los lolardos en 1381 en
Inglaterra, con el que consiguieron abolir la servidumbre y ganar la propiedad de sí
mismos, incluido el derecho de autoalquiler a plazos.
293De modo parecido, Erik Peterson, en su curso sobre la primera carta a los ro
manos, habla de la Iglesia como «Cristosfera», «que está ahí representando a Cristo
mismo»; cfr. E. P. , Der Brief an die Romer, Munich 1997. Esta formulación viene esti
mulada por las ideas de Cari Schmitt sobre la dialéctica de la Iglesia visible e invisi
905
ble. Cfr. Barbara Nichtweiss, ErikPeterson. NeueSichtaufLebenundWerk,Friburgo-Ba-
silea-Viena 1992, pág. 745.
294Duden, vol. 7, Etymologie, Mannheim 1989, pág. 695.
295 Cfr. Theologisches Wórterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart 1990, artículo
EOavYÉXiov, tomo 2, pág. 718; artículo ’EKKkrioía, tomo 3, págs. 503-ss.
296Cfr. Arthur Kroker, The Possessed Individual. Technology and theJrench postmodem,
Nueva York 1992; Friedrich Kittler, «Historia de los medios de comunicación», en
Raum und Verfahren, intervenciones en el Museum fur Gestaltung de Zurich, Alois
Huber y Alois Martin Müller (eds. ), Basilea y Frankfurt 1993, págs. 169-188; Norbert
Bolz, Theorie der neuen Medien, Munich 1990.
297Cfr. Dieter Hildebrandt, Saulus/Paulus. Ein Doppeüeben, Munich 1989, pág. 138:
«Esas calzadas no son caminos de paseo, sino líneas estructurales de poder, no son
zonas peatonales, sino pistas para la rueda de la historia». La importancia y signifi
cado imperiales de la construcción de calzadas la subraya también Amold E. T. Ehr-
hardt, «Imperium y humanitas. Fundamentos del imperialismo romano», en Studium
Generóle, año 14, 1961, págs. 646-ss: «El problema decisivo de la dominación antigua
fue el problema de comunicación» (649).
298Cfr. Erik Peterson, «Cristo como emperador», en Theologische Traktate, Munich
1951, págs. 151-164.
299El paso de las imágenes telecomunicativas del proceso apostólico a las arqui
tectónicas se cumplió ya en el siglo II:
en la tercera visión de El pastor de Hermas, un
escrito visionario romano, que podría haber sido escrito en tomo al año 150, ya no
se concibe la Iglesia como ámbito de alcance de emisión, sino como obra arquitec
tónica, y además como una obra tan sin fisuras que parece fundida en una única pie
za. En las metáforas del templo para el corpus Christi que aparecen en las cartas de los
apóstoles se ofrecen numerosos puntos de apoyo para el procedimiento de describir
comunicaciones como substancias. Esta transformación está prefigurada en juegos
de lenguaje que hablan del 12 como casa de Dios. Cfr. Klaus Berger, Theologie-
geschichte des Urchristentums, Tubinga y Basilea 1994, págs. 131-ss.
,0° Cfr. Claudia Schmólders, «La voz del mal. Sobre la configuración sonora del
Tercer Reich», en MerhurS/\997, págs. 681-693. La autora remite a la novela Zorros vo
ladores de Marcel Beyer, Frankfurt 1995, que es la primera que con medios narrativos
explora el tema de la acústica política de la sociedad fascista.
301 Cfr. capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs. 439-453.
*’2Para la medialidad de la sangre en el sentido microsférico, cfr. vol. i, excurso
2: «Nobjetos», págs. 271-ss.
303Cfr. Raffaele
Pettazzoni,
Der allwissende Gott.
Zur Geschichte der Gottesidee, Frank-
furt-Hamburgo 1960.
304Cfr. para ello el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», pags.
469-476.
305Cfr. Fritz Taeger, Charisma. Studien zur Geschichte des antiken Herrscherkultes, vol.
2, Stuttgart 1960, págs. 192-ss.
906
306Cfr. Paul Zanker, Augustas und die Machí der Bilder, Munich 1987, pág. 304 [Au
gusto y el poder de las imágenes, Alianza, Madrid 1992].
307Cfr. Taeger, Charisma (ver nota 305), pág. 273.
308Según otras tradiciones fue Vespasiano quien hizo colocar la cabeza de Helios
sobre el coloso.
309Ver para esto el excurso 4: «Panteón. Sobre la teoría de la cúpula», págs. 375-401.
3.
voltura de aire, penetró en el cielo, atravesó las estrellas, traspasó los límites del
mundo y destruyó los muros imaginarios de la primera, octava, novena, décima y de
más esferas que necios matemáticos y el ciego ver de vulgares filósofos hayan pre
tendido añadir [. . . ]. Así pues, estamos capacitados para descubrir el efecto infinito
de la causa infinita [. . . ]. No necesitamos buscar la divinidad en la lejanía; pues está
cerca de nosotros» (G. B. , Das Aschermittwochsmahl, Frankfurt 1981, págs. 92-93).
,w>Aristóteles, Sobre el mundo, Stuttgart 1991, pág. 19.
200Así como hoy se reconoce a los auténticos sistemáticos por su estilo de pensar
«desde el sistema», cosa que exige una ascesis parecida (o sea, la renuncia a partir de
la conciencia, a partir de lo vivido o del ser humano).
201Encadas VI, 9, 11, 43.
202Citado según: Emst Cassirer, Individuum und Kosmos in der Philosophie der Re-
naissance, Darmstadt 1977, pág. 201.
205 Cfr. Klaus Hedwig, Sphaera lucis. Studien zur Intclligibilitát des Seienden im Kontext
der mittelalterlichen Lichtspekulation, Münster 1980.
899
aMRainer Mana Rilke, Elegías deDuino (1912-1921). Segunda elegía.
205Cfr. Max Horten, Die Philosophie des Islam, Munich 1924, págs. 234-235. Visto en
su conjunto, las ventajas dogmáticas del pensamiento islámico, sobre todo el decidi
do teísmo trascendente, mantuvieron en jaque las veleidades neoplatónicas mejor
que las teologías cristianas.
206Maurice Merleau-Ponty, DasAugeundderGeist. PhilosophischeEssays,Hambur-
go 1984, pág. 39.
207Cfr. Jan Assmann, «El hombre bidimensional: la fiesta como médium de la me
moria colectiva», en DasFest und das Heilige,]an Assmann y Theo Sundermeier (eds. ),
Gütersloh 1991, págs. 13-30.
208Max Bense; cfr. supra la Introducción: «Geometría en lo inmenso. El proyecto de
la globalización metafísica», pág. 44.
209«El ser humano sale entonces de la contemplación inerte y al atardecer ya ha
construido un edificio que conformó desde su sol interior; y cuando ahora lo con
templa al atardecer, lo considera superior al primer sol externo», G. W. F. Hegel, Lec
ciones sobre historia de la filosofía (Werke in zwanzig Bánden, vol. 12, pág. 134).
210Plotino, Enéadas i, 7, 1, 23.
21 Enéadas V ,
84, 4.
2,2 Cfr. Máxime Rodinson, De Pythagore á IJnine. Des activismes idéologiques, París
1993.
2I*Cfr. Esferas i, «Introducción», págs. 39-51.
2,4 Cfr. Esferas I, capítulo 1: «Operaciones de corazón o: Sobre el exceso eucarístico»,
págs. 102-ss.
‘ns Cfr. Esferas i, capítulo 6: «Compartidores del espacio anímico. Angeles, gemelos,
dobles», págs. 393-ss. Frente a la tradición condenatoria católica, hay que recordar que
Mani enseñó una teología de la tolerancia y que, como primer genio ecuménico, ha
bía captado la conexión intrínseca de las religiones, enemigas de masacres, de Asia y
de Europa.
216Con respecto a la expresión con, cfr. Esferas 1, capítulo 5: «El acompañante ori
ginario. Réquiem por un órgano desechado», págs. 324-ss.
217 Eugen Rosenstock-Huessy, Die Sprache des Menschengeschlechts. Eine leibhaftige
Grammatik in vier Teilen, 2. fi vol. , Stuttgart 1964, pág. 862.
2I*Hans Neumann, MechthildvonMagdeburg. DasfliessendeLichtderGottheit,volu
m en i, texto, M unich y Zurich 1990, pág. 310.
219 Que en realidad presenta una antología de textos sacados de las Enéadas de
Plotino.
229 Líber viginti quattuor philosophorum, Francoise Hudry (ed. ), Turnhout 1997, en
Corpus Christianorum, Continuado Medievalis cxuil A, págs. 5, 6 y 25. (La traduc
ción procede de Kurt Flasch, Süddeutsche Zeitung, 17 de mayo de 1997, pág. 33. ) [El li
bro de los veinticuatrofilósofos, Paolo Lucentini (ed. ), trad. de Cristína Sema yJaume
Pórtulas, Siruela, Madrid 1999. ]
221 Dietrich Mahnke, en su estudio Unendliche Spháre und Allmittelpunk (ver nota
900
197), págs. 144-ss. , muestra cómo el Maestro Eckhart, al interpretar y desarrollar las
ideas del libro de los veinticuatro filósofos, refuerza su impulso, poniendo en cone
xión especialmente estrecha, para ello, la proposición 18 y la 2.
222 Cfr. Giorgio Agamben, «L’Immanence absolue», en Gilíes Deleuze, bajo la di
rección de Eric Alliez, Le Plessis-Robinson 1998, págs. 165-188; el estudio de Agamben
sobre el casi testamentario, pequeño y poderoso artículo de Deleuze «L’Immanence:
une vie. . . » testimonia una metamorfosis moderna del problema metafíisico de cómo
pensar la individuación del absoluto. En Esferas m se seguirá esta pista.
223 Hermann Schmitz, System der Philosophie, parte III, vol. 4, Das Gottliche und der Raum, § 218, Bonn 1977, 1995, pág. 258.
224Cfr. el capítulo del círculo (págs. 165-239) en el determinante estudio de Wer-
ner Beierwaltes Proklos. Grundzüge seiner Metaphysik, Frankfurt 1979.
225Desde este punto de vista se explica la ambición especulativa de autores con
temporáneos como Ken Wilber (Eine kurze Geschichte des ¡Cosmos, Frankfurt 1997) y Ar-
thur Zajonc (Die gemeinsame Geschichte von Licht und Bewusstsein, Reinbeck bei Ham-
burg 1994), que quieren proporcionar al estallido originario una historia posterior
reflexiva. Ahí se esconde, casi sin disimulo, la exigencia teológica o filosófico-origi-
naria de que la explosión hubo de producirse tan calculadamente que en ella se pen
sara ya en la aparición posterior de teóricos suyos. Un big bang finalizado no es más
que la mónada, familiar a los teósofos, «que engendra una mónada y la hace retro-
flexionar hacia sí en un único soplo ardiente».
226«Del cáliz de este reino de los espíritus rebosa para él su infinitud», Fenomeno
logía del Espíritu, 1807, estrofa final.
227Dado que Heidegger no se da cuenta de esto, por medio del antibiologismo
de su ontología fundamental repite la traición a lo vivo que se produce en la ten
dencia moderna a un concepto neutro o neutral del ser, sin más. En su obra tardía
intenta compensar esa traición mediante una ontologización del lugar salutífero y de
la palabra condicionada por el ser. Deleuze, al revés, siguiendo en esto a Fichte y a
Nietzsche, se mantiene en el absolutismo de lo vivo, aunque sirve a la Modernidad
con una alabanza ilusa del devenir sin límites y de la movilidad sin suelo. Así, dos emi
nentes pensadores del siglo xx dieron sólo expresión a la polémica originaria de la
edad moderna, la contradicción entre inmunidad e infinitud, sin hacerle realmente
justicia.
wh jye consolalione philosophiae v , <», 4.
229Una visión parcial de las psicologías profundas prefreudianas ofrece Esferas I,
capítulo 3: «Seres humanos en el círculo mágico. Para una historia de ideas de lafasci
nación de la proximidad», págs. 197-244.
230Sámtliche Werke, Kritische Studienausgabe, vol. 3, Munich 1980, pág. 480.
231 Émile, citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung,
Frankfurt-Berlín-Viena 1985, pág. 104.
232Ibid,, págs. 133-134.
233Paralipomena zum Blütenstaub, n. e 131. Sobre la «Sphároidik» (esferóidica) y
901
«Enzyklopádistik» (enciclopedística) de Novalis, cfr. Dietrich Mahnke, Unendtiche
Spháre und AUmittelpunkt, Halle 1937, págs. 2-5.
234 Cfr. elmagistrallibrodeKurtFlaschNikolausvonKues- GeschichteeinerEnt-
wicklung. Vorlesungen zur Einfúhrung in seine Philosophie, Frankfurt 1998, pág. 576.
255 De ludo globi n, en Nicolás de Cusa, Philosophisch-theologischen Schriften III, Vie-
na 1989, pág. 313. Probablemente, Nicolás sólo cita la mitad de la ominosa frase por
que su segunda mitad (circumferentia nusquam) le parecería inapropiada parajóve
nes.
2. 6Ibid. , pág. 261.
2. 7 Ibid. , pág. 297.
258El Cusano, con cierta despreocupación, transformó deus est sphaera infinita con
virtiéndolo en deus est circulas; cfr. supra las págs. 407-ss.
239Cfr. Heinrich Dumoulin, Geschichte des Zen-Buddhismus, vol. II, Berna 1986, págs.
252-ss.
240Nicolás de Cusa (ver nota 235), pág. 275.
241 Quia non potestpatrem utpatrem ostendere, nisifiUus. Ibid. , pág. 296.
242Ibid. ypág. 299; la cursiva es nuestra.
243Ibid. , págs. 271-273.
244El Cristo cusano cumple arquetípicamente la condición que trata Plotino en
la «mística» Enéadav1, 9: que el asimilado en el Uno «ensambla, por decirlo así, pun
to medio con punto medio».
245Ver nota 235, pág. 296.
246Ibid. , págs. 229-231: «Si fuera posible colocar a alguien fuera del mundo, éste le
resultaría invisible del mismo modo que el punto indivisible». «Nada en absoluto es
visible con respecto a la redondez verdadera. »
247Ibid. ypág. 335.
248IbidLypág. 307.
249Cuando Kurt Flasch, en relación con los círculos del juego de bolos, afirma
que figuran «también las esferas celestes» (ver nota 234, pág. 596), en una primera
lectura ello no parece corresponder exactamente al texto: pero no es, sin embargo,
falso, porque refleja la irresolución fundamental del Cusano entre si pretende hablar
de cubiertas aristotélicas o de órdenes angélicos areopagíticos.
250Ver nota 235, pág. 337.
251 Stefan Meier-Oeser, Die Prásenz des Vergessenen. Zur Rezeption der Philosophie des
Nikolaus Cusanus vom 15. bis zum 18. Jahrhunderty Münster 1989.
232Enjulio de 1742, al final de un proceso centenario contra los llamados «ritos
chinos», por la bula Ex quo singulari, Benedicto XIV prohibió a los misioneros en In
dia y China, especialmente a los jesuítas, la asimilación a las culturas de esos países.
Sólo Juan Pablo II, con ocasión de una recepción a eclesiásticos chinos durante su
viaje a Filipinas en febrero de 1981, expresó su pesar por esa decisión político-misio
nera equivocada.
253 Recientemente, la liquidación de la última cubierta ha sido tratada otra vez en
902
detalle por Jean-Michel Lemer, Le monde des spheres, vol. 11, La fin du cosmos classique, París 1997, cap. vi: «La sphére des fixes abolie», págs. 137-189.
254Para More y Malebranche, cfr. Alexandre Koyré, Del mundo cerrado al universo
infinito (ver nota 177), págs. 119-ss. y 144-ss.
255Friedrich Nietzsche, Diefrohliche Wissenschaft, § 125, Sámtliche Werke, Kritische Stu-
dienausgabe, vol. 3, Munich 1980, págs. 481-482.
256IbicL, pág. 480.
257IbicL, pág. 438.
258Dante, Inferno, canto 3.
259Para esta formulación, que remite a una doctrina del cuarto concilio latera-
nense, cfr. supra el capítulo 4: «El argumento ontológico de la esfera», nota 163, págs.
334-ss.
260Cfr. supra la pág. 344-ss.
261Con la diferencia de que lo nonidad neoplatónica consta de tres por tres es
calones, mientras que el infierno medieval se compone de los cinco anillos del in
fierno exterior más los cuatro anillos del infierno interior.
282Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs.
407-502.
265 Cfr. Osip Mandelstam, Gesprách über Dante, en Gesammelte Essays, vol. 2, 1925-
1935, Zurich 1991, pág. 187: «(El infierno) es una metrópoli en todo el sentido de la
palabra» [ Coloquio sobre Dante; La cuarta prosa, Visor, Madrid 1996].
264Cfr. supra el capítulo 3: «Arcas, murallas de ciudad, fronteras del mundo, sis
temas de inmunidad», págs. 235-ss. , así como infra el capítulo 7: «Cómo a través del
medio puro el centro de las esferas actúa en la lejanía», págs. 617-ss.
265En las Memorias de un neurópata de Daniel Paul Schreber, que habrían de ser
leídas como uno de los comentarios más significativos de la estructura y función de
la metafísica clásica, se encuentra un fantasma que ilustra perfectamente la idea de
un círculo contrapuesto, surgido por abuso anímico: «La imagen que tengo de ello
en la cabeza es sumamente difícil de expresar en palabras; parecía como si la cúpu
la celeste estuviera revestida en todo su contorno de nervios -sacados, a buen segu
ro, de mi cuerpo- que los rayos divinos no conseguían saltar, o que les ofrecían al
menos un obstáculo mecánico, de modo más o menos parecido a como una fortale
za sitiada acostumbra a protegerse frente al enemigo atacante mediante murallas y
fosos». DerFall Schreber, vol. 1, Wiesbaden 1972, pág. 79.
268Seguiremos desarrollando esta consideración (enlazando con un motivo de
Hermán Melville) en el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la
globalización terrestre», págs. 695-s.
267Cfr. Martin Heidegger, Conceptosfundamentales de la metafísica, mundo - finitud
- soledad. En estas lecciones del semestre de invierno 1929-1930, que contienen esbo
zos filosófico-naturales, singulares dentro de su ceuvre, Heidegger pone de relieve el
ser-en-el-mundo típicamente humano frente a la indigencia de mundo de la impli
cación animal en el entorno y a la falta de mundo de las piedras.
903
Citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung, Frankfurt-
Berlín-Viena 1985, págs. 120*121.
** Ibid. , pág. 290.
270Cfr. supra el capítulo 5: «Detis sive sphaera», págs. 463-ss.
271Cfr. Jacques Le Golf, Lanaissancedupurgatoire,París 1981,págs. 9-27:«Le troi-
siéme lieu» [Elnacimientodelpurgatorio,Taurus, Madrid 1985].
272Cfr. Cari von Linné, Nemesis divina, Wolf Lepenies y Lars Gustafsson (eds. ), se
gún la edición sueca de Elis Malmestróm y Telemak Fredbáij, Munich 1981.
*’7HC u s í
s'osserva in me lo contrapasscr. Inferno, canto 28, 142. («Y en mí se cumple la
contrapartida»: el hablante es el trovador Bertrando dal Bomio, que está encerrado
en el infierno de los malos consejeros; así como durante la vida había sembrado dis
cordia entre un padre y un hijo, ahora, en el infierno, tiene que despedazarse a sí
mismo y andar por allí con su propia cabeza cortada en las manos. )
274 Para el «primer» imperativo categórico, cfr. Esferas i, pág. 454
275Cfr. Elaine Scarry, Der Kórper im Schmerz. Die Chiffren der Verletzlichkeit und dieEr-
findung der Kultur, Frankfurt 1992, págs. 41-90, donde la autora, mediante una sutil fe
nomenología del tormento, analiza la desintegración del mundo y del yo que causa
el dolor.
27,1 Cfr. Ludger Lütkehaus, Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbewussten
vorFreud, Frankfurt 1995, págs. 2-7.
27Cfr. infra el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la globa-
lización terrestre», págs. 813-s.
2TM«La pensée du dehors», en Critique 229, págs. 523-546 [Elpensamiento del afuera,
Pre-Textos, Valencia 1989].
27v Soren Kierkegaard, Kleine Schrifien 1848/1849, en S. K. , Gesammelte Werke, sec
ción 21-23, Gütersloh 1984, págs. 132, 121 y 134.
2H"Con ocasión de esto puede pensarse tanto en las sólidas residencias de los
grandes reyes persas como en el mantenerse (mone) del uno cabe sí mismo (saliendo-
de-sí y volviendo-a-sí simultáneamente) en el esquema de la tríada próclica.
281 Cfr. Jan Assmann, «La fiesta procesional egipcia», en Das Fest und das Heilige,
Jan Assmann y Theo Sundermeier (eds. ), Gütersloh 1991, pág. 120.
2*2 Goethe (Dichtung und Wahrheit i, 5) recuerda que el joven rey parecía real
mente perdido en sus solemnes vestimentas y hubo de sonreír sobre su propio dis
fraz; de María Teresa se dice que dos decenios antes, con ocasión de la misma cere
monia, al ver a su esposo, disfrazado, que a la salida de la catedral le ofrecía las
insignias de su reino, sufrió un ataque de risa: ningún buen presagio para los defen
sores de la presencia real.
2NSPuede hacerse plausible, mediante una deducción histórico-natural del com
portamiento animal dentro de su territorio, que las representaciones simbólicas no
están limitadas, en absoluto, a la presentación in absentia de eminencias políticas.
Cfr. para ello Thomas Kappe, «Notas para una biología de los límites», en Die Gren-
ze. Begriff und Inszenierung, Markus Bauer y Thomas Rahn (eds. ), Berlín 1997, págs.
904
133-146: «No siempre los territorios son tan pequeños que el límite efectivo pueda
ser señalado mediante la propia presencia. Hay que efectuar, entonces, marcas de
límites que sean efectivas también en ausencia del dueño del territorio [. . . ]. Los ras
tros olorosos permiten reconocer a un dueño de un territorio [. . . ] como un indivi
duo único, son tan inconfundibles como una huella dactilar. En ese sentido habría
que modificar la formulación: “Las señales olorosas son efectivas también en au
sencia del dueño del territorio”. El dueño del territorio, efectivamente, no está au
sente, sino presente por su olor en el límite». Para una ontotopología del olor, cfr.
supra el excurso 2: «Merdocracia. De la inmunoparadoja de culturas sedentarias»,
págs. 297-ss.
284Cfr. Jochen Hórisch, Brot und Wein. Zur Poesie des Abendmahls, Frankfurt 1992;
ibid. , «El ser de los signos y los signos del ser. Notas marginales a la ontosemiología
de Derrida», en Jacques Derrida, Die Stimme und das Phánomen. Ein Essay über das Pro-
blern des Zeichens in der Philosophie Husserls, Frankfurt 1979, págs. 7-50 [La voz y elfenó
meno, Pre-Textos, Valencia 1993].
285Kierkegaard, Kleine Schriften (ver nota 279), pág. 121.
286Cfr. G. E. Lessing, Minna von Bamhelm, acto m, escena 10: «Ypensamos que es
cribir cartas no es algo inventado para quienes pueden conversar oralmente unos
con otros siempre que quieran».
287Sobre este «cierre de la puerta» en la situación posprofédca, cfr. Jan Assmann,
Das kulturelle Gedáchtnis. Schrift, Erinnerung und politische Identitát in frúhen Hochkultu-
ren, 2. a ed. , Munich 1997, pág. 176; cfr. también T. Nagel, Die Festung des Glaubens.
Triumph und Scheitem des islamischen Rationalismus im 11. Jahrhundert, Munich 1988.
288Cfr. Erik Peterson, «El monoteísmo como problema político», en E. P. , Theo-
logische Traktate, Munich 1951, pág. 66.
289Cfr. Tilmann Moser, Gotlesvergiftung, Frankfurt 1976.
290 Servus fugitivus furtum sui facit. Cfr. Michael Wolff, Geschichte der Impetustheorie.
Untersuchungen zum Ursprung der klassischen Mechanik, Frankfurt 1978, págs. 94-95.
291Libro 11, Constitución 48, 23: «Ysi él (el comprometido en otra parte) se ocul
ta o intenta esconderse, hay que considerarlo como un esclavo prófugo, como si es
tuviera en la situación de una cosa robada, sin que exista prescripción del caso. . . »,
Leipzig 1991, págs. 250-251.
292La figura conceptual «autopropiedad» será fundamental para la historia de la
sociedad moderna, porque sólo mediante ella se vuelve expresivo jurídica y econó
micamente el estatuto de los proletariados en los «mercados de trabajo». Los prime
ros «trabajadores» auténticos proceden del levantamiento de los lolardos en 1381 en
Inglaterra, con el que consiguieron abolir la servidumbre y ganar la propiedad de sí
mismos, incluido el derecho de autoalquiler a plazos.
293De modo parecido, Erik Peterson, en su curso sobre la primera carta a los ro
manos, habla de la Iglesia como «Cristosfera», «que está ahí representando a Cristo
mismo»; cfr. E. P. , Der Brief an die Romer, Munich 1997. Esta formulación viene esti
mulada por las ideas de Cari Schmitt sobre la dialéctica de la Iglesia visible e invisi
905
ble. Cfr. Barbara Nichtweiss, ErikPeterson. NeueSichtaufLebenundWerk,Friburgo-Ba-
silea-Viena 1992, pág. 745.
294Duden, vol. 7, Etymologie, Mannheim 1989, pág. 695.
295 Cfr. Theologisches Wórterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart 1990, artículo
EOavYÉXiov, tomo 2, pág. 718; artículo ’EKKkrioía, tomo 3, págs. 503-ss.
296Cfr. Arthur Kroker, The Possessed Individual. Technology and theJrench postmodem,
Nueva York 1992; Friedrich Kittler, «Historia de los medios de comunicación», en
Raum und Verfahren, intervenciones en el Museum fur Gestaltung de Zurich, Alois
Huber y Alois Martin Müller (eds. ), Basilea y Frankfurt 1993, págs. 169-188; Norbert
Bolz, Theorie der neuen Medien, Munich 1990.
297Cfr. Dieter Hildebrandt, Saulus/Paulus. Ein Doppeüeben, Munich 1989, pág. 138:
«Esas calzadas no son caminos de paseo, sino líneas estructurales de poder, no son
zonas peatonales, sino pistas para la rueda de la historia». La importancia y signifi
cado imperiales de la construcción de calzadas la subraya también Amold E. T. Ehr-
hardt, «Imperium y humanitas. Fundamentos del imperialismo romano», en Studium
Generóle, año 14, 1961, págs. 646-ss: «El problema decisivo de la dominación antigua
fue el problema de comunicación» (649).
298Cfr. Erik Peterson, «Cristo como emperador», en Theologische Traktate, Munich
1951, págs. 151-164.
299El paso de las imágenes telecomunicativas del proceso apostólico a las arqui
tectónicas se cumplió ya en el siglo II:
en la tercera visión de El pastor de Hermas, un
escrito visionario romano, que podría haber sido escrito en tomo al año 150, ya no
se concibe la Iglesia como ámbito de alcance de emisión, sino como obra arquitec
tónica, y además como una obra tan sin fisuras que parece fundida en una única pie
za. En las metáforas del templo para el corpus Christi que aparecen en las cartas de los
apóstoles se ofrecen numerosos puntos de apoyo para el procedimiento de describir
comunicaciones como substancias. Esta transformación está prefigurada en juegos
de lenguaje que hablan del 12 como casa de Dios. Cfr. Klaus Berger, Theologie-
geschichte des Urchristentums, Tubinga y Basilea 1994, págs. 131-ss.
,0° Cfr. Claudia Schmólders, «La voz del mal. Sobre la configuración sonora del
Tercer Reich», en MerhurS/\997, págs. 681-693. La autora remite a la novela Zorros vo
ladores de Marcel Beyer, Frankfurt 1995, que es la primera que con medios narrativos
explora el tema de la acústica política de la sociedad fascista.
301 Cfr. capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs. 439-453.
*’2Para la medialidad de la sangre en el sentido microsférico, cfr. vol. i, excurso
2: «Nobjetos», págs. 271-ss.
303Cfr. Raffaele
Pettazzoni,
Der allwissende Gott.
Zur Geschichte der Gottesidee, Frank-
furt-Hamburgo 1960.
304Cfr. para ello el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», pags.
469-476.
305Cfr. Fritz Taeger, Charisma. Studien zur Geschichte des antiken Herrscherkultes, vol.
2, Stuttgart 1960, págs. 192-ss.
906
306Cfr. Paul Zanker, Augustas und die Machí der Bilder, Munich 1987, pág. 304 [Au
gusto y el poder de las imágenes, Alianza, Madrid 1992].
307Cfr. Taeger, Charisma (ver nota 305), pág. 273.
308Según otras tradiciones fue Vespasiano quien hizo colocar la cabeza de Helios
sobre el coloso.
309Ver para esto el excurso 4: «Panteón. Sobre la teoría de la cúpula», págs. 375-401.
3.
