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Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba tres
aplausos nutridos en el monólogo, la           inútil para nuestras
obras; y comenzó con un temblor casi convulsivo, y llegó en el más
profundo silencio hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro
siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con el amor de la
mujer, y al decir

«Hijo mio.