Jacob Burckhardt, Die Zeit
Constantins
des Grossen, Munich 1982, págs.
Sloterdijk - Esferas - v2
79.
268Seguiremos desarrollando esta consideración (enlazando con un motivo de
Hermán Melville) en el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la
globalización terrestre», págs. 695-s.
267Cfr. Martin Heidegger, Conceptosfundamentales de la metafísica, mundo - finitud
- soledad. En estas lecciones del semestre de invierno 1929-1930, que contienen esbo
zos filosófico-naturales, singulares dentro de su ceuvre, Heidegger pone de relieve el
ser-en-el-mundo típicamente humano frente a la indigencia de mundo de la impli
cación animal en el entorno y a la falta de mundo de las piedras.
903
Citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung, Frankfurt-
Berlín-Viena 1985, págs. 120*121.
** Ibid. , pág. 290.
270Cfr. supra el capítulo 5: «Detis sive sphaera», págs. 463-ss.
271Cfr. Jacques Le Golf, Lanaissancedupurgatoire,París 1981,págs. 9-27:«Le troi-
siéme lieu» [Elnacimientodelpurgatorio,Taurus, Madrid 1985].
272Cfr. Cari von Linné, Nemesis divina, Wolf Lepenies y Lars Gustafsson (eds. ), se
gún la edición sueca de Elis Malmestróm y Telemak Fredbáij, Munich 1981.
*’7HC u s í
s'osserva in me lo contrapasscr. Inferno, canto 28, 142. («Y en mí se cumple la
contrapartida»: el hablante es el trovador Bertrando dal Bomio, que está encerrado
en el infierno de los malos consejeros; así como durante la vida había sembrado dis
cordia entre un padre y un hijo, ahora, en el infierno, tiene que despedazarse a sí
mismo y andar por allí con su propia cabeza cortada en las manos. )
274 Para el «primer» imperativo categórico, cfr. Esferas i, pág. 454
275Cfr. Elaine Scarry, Der Kórper im Schmerz. Die Chiffren der Verletzlichkeit und dieEr-
findung der Kultur, Frankfurt 1992, págs. 41-90, donde la autora, mediante una sutil fe
nomenología del tormento, analiza la desintegración del mundo y del yo que causa
el dolor.
27,1 Cfr. Ludger Lütkehaus, Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbewussten
vorFreud, Frankfurt 1995, págs. 2-7.
27Cfr. infra el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la globa-
lización terrestre», págs. 813-s.
2TM«La pensée du dehors», en Critique 229, págs. 523-546 [Elpensamiento del afuera,
Pre-Textos, Valencia 1989].
27v Soren Kierkegaard, Kleine Schrifien 1848/1849, en S. K. , Gesammelte Werke, sec
ción 21-23, Gütersloh 1984, págs. 132, 121 y 134.
2H"Con ocasión de esto puede pensarse tanto en las sólidas residencias de los
grandes reyes persas como en el mantenerse (mone) del uno cabe sí mismo (saliendo-
de-sí y volviendo-a-sí simultáneamente) en el esquema de la tríada próclica.
281 Cfr. Jan Assmann, «La fiesta procesional egipcia», en Das Fest und das Heilige,
Jan Assmann y Theo Sundermeier (eds. ), Gütersloh 1991, pág. 120.
2*2 Goethe (Dichtung und Wahrheit i, 5) recuerda que el joven rey parecía real
mente perdido en sus solemnes vestimentas y hubo de sonreír sobre su propio dis
fraz; de María Teresa se dice que dos decenios antes, con ocasión de la misma cere
monia, al ver a su esposo, disfrazado, que a la salida de la catedral le ofrecía las
insignias de su reino, sufrió un ataque de risa: ningún buen presagio para los defen
sores de la presencia real.
2NSPuede hacerse plausible, mediante una deducción histórico-natural del com
portamiento animal dentro de su territorio, que las representaciones simbólicas no
están limitadas, en absoluto, a la presentación in absentia de eminencias políticas.
Cfr. para ello Thomas Kappe, «Notas para una biología de los límites», en Die Gren-
ze. Begriff und Inszenierung, Markus Bauer y Thomas Rahn (eds. ), Berlín 1997, págs.
904
133-146: «No siempre los territorios son tan pequeños que el límite efectivo pueda
ser señalado mediante la propia presencia. Hay que efectuar, entonces, marcas de
límites que sean efectivas también en ausencia del dueño del territorio [. . . ]. Los ras
tros olorosos permiten reconocer a un dueño de un territorio [. . . ] como un indivi
duo único, son tan inconfundibles como una huella dactilar. En ese sentido habría
que modificar la formulación: “Las señales olorosas son efectivas también en au
sencia del dueño del territorio”. El dueño del territorio, efectivamente, no está au
sente, sino presente por su olor en el límite». Para una ontotopología del olor, cfr.
supra el excurso 2: «Merdocracia. De la inmunoparadoja de culturas sedentarias»,
págs. 297-ss.
284Cfr. Jochen Hórisch, Brot und Wein. Zur Poesie des Abendmahls, Frankfurt 1992;
ibid. , «El ser de los signos y los signos del ser. Notas marginales a la ontosemiología
de Derrida», en Jacques Derrida, Die Stimme und das Phánomen. Ein Essay über das Pro-
blern des Zeichens in der Philosophie Husserls, Frankfurt 1979, págs. 7-50 [La voz y elfenó
meno, Pre-Textos, Valencia 1993].
285Kierkegaard, Kleine Schriften (ver nota 279), pág. 121.
286Cfr. G. E. Lessing, Minna von Bamhelm, acto m, escena 10: «Ypensamos que es
cribir cartas no es algo inventado para quienes pueden conversar oralmente unos
con otros siempre que quieran».
287Sobre este «cierre de la puerta» en la situación posprofédca, cfr. Jan Assmann,
Das kulturelle Gedáchtnis. Schrift, Erinnerung und politische Identitát in frúhen Hochkultu-
ren, 2. a ed. , Munich 1997, pág. 176; cfr. también T. Nagel, Die Festung des Glaubens.
Triumph und Scheitem des islamischen Rationalismus im 11. Jahrhundert, Munich 1988.
288Cfr. Erik Peterson, «El monoteísmo como problema político», en E. P. , Theo-
logische Traktate, Munich 1951, pág. 66.
289Cfr. Tilmann Moser, Gotlesvergiftung, Frankfurt 1976.
290 Servus fugitivus furtum sui facit. Cfr. Michael Wolff, Geschichte der Impetustheorie.
Untersuchungen zum Ursprung der klassischen Mechanik, Frankfurt 1978, págs. 94-95.
291Libro 11, Constitución 48, 23: «Ysi él (el comprometido en otra parte) se ocul
ta o intenta esconderse, hay que considerarlo como un esclavo prófugo, como si es
tuviera en la situación de una cosa robada, sin que exista prescripción del caso. . . »,
Leipzig 1991, págs. 250-251.
292La figura conceptual «autopropiedad» será fundamental para la historia de la
sociedad moderna, porque sólo mediante ella se vuelve expresivo jurídica y econó
micamente el estatuto de los proletariados en los «mercados de trabajo». Los prime
ros «trabajadores» auténticos proceden del levantamiento de los lolardos en 1381 en
Inglaterra, con el que consiguieron abolir la servidumbre y ganar la propiedad de sí
mismos, incluido el derecho de autoalquiler a plazos.
293De modo parecido, Erik Peterson, en su curso sobre la primera carta a los ro
manos, habla de la Iglesia como «Cristosfera», «que está ahí representando a Cristo
mismo»; cfr. E. P. , Der Brief an die Romer, Munich 1997. Esta formulación viene esti
mulada por las ideas de Cari Schmitt sobre la dialéctica de la Iglesia visible e invisi
905
ble. Cfr. Barbara Nichtweiss, ErikPeterson. NeueSichtaufLebenundWerk,Friburgo-Ba-
silea-Viena 1992, pág. 745.
294Duden, vol. 7, Etymologie, Mannheim 1989, pág. 695.
295 Cfr. Theologisches Wórterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart 1990, artículo
EOavYÉXiov, tomo 2, pág. 718; artículo ’EKKkrioía, tomo 3, págs. 503-ss.
296Cfr. Arthur Kroker, The Possessed Individual. Technology and theJrench postmodem,
Nueva York 1992; Friedrich Kittler, «Historia de los medios de comunicación», en
Raum und Verfahren, intervenciones en el Museum fur Gestaltung de Zurich, Alois
Huber y Alois Martin Müller (eds. ), Basilea y Frankfurt 1993, págs. 169-188; Norbert
Bolz, Theorie der neuen Medien, Munich 1990.
297Cfr. Dieter Hildebrandt, Saulus/Paulus. Ein Doppeüeben, Munich 1989, pág. 138:
«Esas calzadas no son caminos de paseo, sino líneas estructurales de poder, no son
zonas peatonales, sino pistas para la rueda de la historia». La importancia y signifi
cado imperiales de la construcción de calzadas la subraya también Amold E. T. Ehr-
hardt, «Imperium y humanitas. Fundamentos del imperialismo romano», en Studium
Generóle, año 14, 1961, págs. 646-ss: «El problema decisivo de la dominación antigua
fue el problema de comunicación» (649).
298Cfr. Erik Peterson, «Cristo como emperador», en Theologische Traktate, Munich
1951, págs. 151-164.
299El paso de las imágenes telecomunicativas del proceso apostólico a las arqui
tectónicas se cumplió ya en el siglo II:
en la tercera visión de El pastor de Hermas, un
escrito visionario romano, que podría haber sido escrito en tomo al año 150, ya no
se concibe la Iglesia como ámbito de alcance de emisión, sino como obra arquitec
tónica, y además como una obra tan sin fisuras que parece fundida en una única pie
za. En las metáforas del templo para el corpus Christi que aparecen en las cartas de los
apóstoles se ofrecen numerosos puntos de apoyo para el procedimiento de describir
comunicaciones como substancias. Esta transformación está prefigurada en juegos
de lenguaje que hablan del 12 como casa de Dios. Cfr. Klaus Berger, Theologie-
geschichte des Urchristentums, Tubinga y Basilea 1994, págs. 131-ss.
,0° Cfr. Claudia Schmólders, «La voz del mal. Sobre la configuración sonora del
Tercer Reich», en MerhurS/\997, págs. 681-693. La autora remite a la novela Zorros vo
ladores de Marcel Beyer, Frankfurt 1995, que es la primera que con medios narrativos
explora el tema de la acústica política de la sociedad fascista.
301 Cfr. capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs. 439-453.
*’2Para la medialidad de la sangre en el sentido microsférico, cfr. vol. i, excurso
2: «Nobjetos», págs. 271-ss.
303Cfr. Raffaele
Pettazzoni,
Der allwissende Gott.
Zur Geschichte der Gottesidee, Frank-
furt-Hamburgo 1960.
304Cfr. para ello el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», pags.
469-476.
305Cfr. Fritz Taeger, Charisma. Studien zur Geschichte des antiken Herrscherkultes, vol.
2, Stuttgart 1960, págs. 192-ss.
906
306Cfr. Paul Zanker, Augustas und die Machí der Bilder, Munich 1987, pág. 304 [Au
gusto y el poder de las imágenes, Alianza, Madrid 1992].
307Cfr. Taeger, Charisma (ver nota 305), pág. 273.
308Según otras tradiciones fue Vespasiano quien hizo colocar la cabeza de Helios
sobre el coloso.
309Ver para esto el excurso 4: «Panteón. Sobre la teoría de la cúpula», págs. 375-401.
3. 0Cfr. LEmpereurJulien, CEuvres completes, tomo II, 2. a parte, «Discurso del empe
radorJuliano», texto establecido y traducido por Christian Lacombrade, París 1964,
pág. 132.
3. 1 Ibid. , págs. 134 y 137.
3. 2Eusebio de Cesárea, Vita Constantinii, cap. 29, citado por Torben Christensen,
Christus oderJúpiter. Der Kampf um die geistigen Grundlagen des Romischen Reiches, Gotin
ga 1981, pág. 183.
3. 3Cfr.
Jacob Burckhardt, Die Zeit Constantins des Grossen, Munich 1982, págs. 279-ss.
314Martin Heidegger, en un presentimiento ejemplar de Sein und Zeit, § 23, «La
espacialidad del ser-en-el-mundo», explícita: «Con la “radiodifusión”, por ejemplo,
consuma hoy el ser-ahí, por el camino de una ampliación del entorno cotidiano, un
des-alejamiento del “mundo” cuyo sentido y alcance todavía no puede comprender».
Tubinga 1967, pág. 105.
3. 5Cfr. Harold A. Innis, Empire and Communication. An iüustrated edition, David God-
frey (ed. ), Toronto 1986, pág. 103.
3. 6Cfr. Béatrice Fraenkel, La signature. Genese d'un signe, París 1992.
3. 7 Sobre la función de la «fórmula literal»: «no añadir ni quitar nada», cfr. Jan
Assmann, Das kuUureüe Gedáchtnis (ver nota 287), págs. 236-ss.
3. 8 Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera», pág. 415 y nota 196.
3. 9Citado por André Guillou, La dvilisation byzantine, París 1974, págs. 114-115.
320Cfr. Leviatán, parte 1, cap. xiii.
321Cfr. Talmud deJerusalén, Tratado Berakot ix, 5; Talmud de Babilonia, Trata
do Sota 22 b; ahí se distinguen cinco clases de fariseos, una de las cuales integra la tí
pica clase de hipócritas del Nuevo Testamento, los «sepulcros blanqueados».
322Todavía la estética clásica tiene como presupuesto la preeminencia del signi
ficado; cfr. el artículo de Friedrich Schiller «Sobre los límites necesarios en el uso de
formas bellas».
323Cfr. George Steiner, Von realer Gegenwart. Hat unser Sprechen InhcUtT, Munich-
Viena 1990 [Presencias reales, Destino, Barcelona 1992].
324Christensen, Christus oderJúpiter (ver nota 312), pág. 117.
325L. Anneo Séneca, De clementia, Úber die Guíe, latín/alemán, traducido y editado
por Karl Büchner, Stuttgart 1970/1992, págs. 25-27.
326Cfr. Jacques Gemet, Die chinesische Welt, Frankfurt 1988, pág. 91 [El mundo chi
no, Crítica, Barcelona 1999]; sobre la mística policial del gobierno señorial, ver tam
bién Jean Levi, Lesfonctionnaires divins. Politique, despotisme et mystique en Chine ancien-
ne, París 1989.
907
’*7 El motivo clementia es virulento desde que César, tras su victoria en la lucha
contra Marco Antonio, señalara que no quería seguir el camino trazado por Sila, es
decir, vengarse mediante listas de proscritos de enemigos anteriores.
w De clementia, libro segundo, I, 2 (ver nota 325), pág. 73.
El toposde la clemencia de Tito siguió siendo virulento hasta la ópera de la co
ronación de Mozart para Leopoldo II (1791).
Marco Aurelio, Soliloquios IV, 35.
^ Junto a los dos procedimientos, típicos de grandes culturas, para hacer hablar
a lo divino, el apostólico-sacerdotal y el emanacionista-filosófico, se conserva (preci
samente en los imperios, incluso hasta en la moderna cultura de masas) una plétora
de técnicas mánticas (oráculos de entrañas, contemplación de pájaros, oráculos de
dados, conchas, aquileas, horoscopia, lectura de las líneas de la mano, contempla
ción de la bola de cristal, lectura de cartas, etc. ), que, prescindiendo de sus raíces pri
mitivas, son capaces de refinamientos superiores. Las prohibiciones imperiales esca
lonadas de la adivinación, entre los años 294-358, documentan que el imperio estaba
decidido a poner coto con todos los medios a su alcance a la inflación de informa
ciones provenientes del más allá. Cfr. Marie Theres Fógen, Die Enteignung der Wahr-
sager. Studien zum kaiserlichen Wissensmonopol in der Spátantike, Frankfurt 1993. El cris
tianismo, que había avanzado hasta convertirse en Iglesia imperial, heredó de los
emperadores paganos el interés político en el monolingüismo del supramundo.
w Cfr. Hans Küng, Das Christentum. Wesen und Geschichte, Munich-Zurich 1994,
apartado C II, «El paradigma ecuménico-helenístico de la Antigüedad cristiana»,
págs. 145-335[Elcristianismo:esenciaehistoria,Trotta, Madrid 1997].
mCfr. para esto Hans Belting, BildundKult. EineGeschichtedesBildesvordemZei-
talter der Kunst, Munich 1990, págs. 64-70, que utiliza detenidamente el estudio de
Ernst von Dobschütz, Christusbilder; Leipzig 1899.
Cfr. Giuseppe Alberigo, GeschichtederKonzilien. VomNicanumbiszumVatica-
numll,Dusseldorf 1993,págs. 75-77(sobre los cánones disciplinarios 2y3).
vv‘ Sphaira. Globus. Reichsapfel. Wanderung und Wandlung eines Herrschaftszeichens
von Caesar bis Elisabeth ll. Ein Beitragzum «Nachleben*>der Antike, Stuttgart 1958. Inclu
ye una lista cronológica de los globos imperiales conservados, págs. 186-187.
m Las 27 proposiciones aparecen enteras en Eugen Rosenstock-Huessy, Die eu-
ropdischen Revolutionen und der Charakter der Nañonen, Moers 1987, págs. 143-144: para
su interpretación, cfr. Horst Fuhrmann, «El verdadero emperador es el Papa. Del po
der terreno en la Edad Media» en Das antike Rom in Europa, ciclo de conferencias en
la Universidad de Regensburg, Hans Bungert (ed. ), Regensburg 1985, págs. 99-s.
•w Cfr. Eugen Rosenstock-Huessy, Die europáischen Revolutionen (ver nota 336),
págs. 131-ss. y 143-ss. ; así como Friedrich Heer, Europáische Geistesgeschichte, Stuttgart
1953, págs. 82-s.
m Cuyos sucesores tipológicos son, entre otros, los compañeros de trabajo de las
grandes compañías telefónicas americanas, que desde bases de operación en Europa
central (Viena, Praga, etc. ) colonizan con redes los territorios de la antigua Unión
908
Soviética. Sobre telecomunicación religiosa en los comienzos de la globalización te
rrestre ver infra las págs. 825-840.
339 Cfr. Marc Bloch, Les rois thaumaturgues, París 1924 y 1983, alemán: Die wun-
dertátigen Kónige, Munich 1998; para el episodio de Aviñón, cfr. también infra el ex
curso 6: «La descoronación de Europa. Anécdota sobre la tiara», págs. 683-693.
540J. G. Fichte, Werke,vol. V,págs. 81-82.
341Bemhard Siegert, GeschkkederLiteraturaisEpochederPost, 1751-1913, Berlín 1993,
pág. 6. Esta tesis, bellamente acentuada, le debe mucho a la semiopolemología de Frie-
drich Kitder, que señala la posición más avanzada de la mediología contemporánea.
342La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, Heidelberg 1984, págs. 701-703;
cfr. Thomas Macho, «Imágenes sangrantes», en Kursiv, una revista de arte de la Alta
Austria, cuaderno 1997/3: Blutbilder (I), págs. 63-67.
343Sobre el fenómeno de la clausura étnica, cfr. Peter Daniel, ZAUN. Normen ais
Zaun um dasjüdische Volk. Zum Phánomen der Zeilüberdauer desJudentums, Viena 1995;
también Jan Assmann, Das kulturelle Gedachtnis (ver nota 287), cap. 5: «Israel y la in
vención de la religión», págs. 196-228.
344Shalom ben-Horin, Paulus. Der Vólkerapostel injüdischer Sicht, Munich 1980, págs.
175-176.
343Cfr. Jacob Taubes, Die politische Theologie des Paulus, conferencias pronunciadas
en el Centro de Investigación de la Comunidad de Estudios Evangélicos de Heidel
berg, 23-27 de febrero de 1987, 2. aed. , Munich 1995.
346 Eugen Rosenstock-Huessy, «El fruto de los labios», en Die Sprache des Men-
schengeschlechts. Eine leibhafte Grammatik in vier Teilen, vol. 2, Heidelberg 1964, págs. 797
y 801.
347Ibid. , pág. 803.
448Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera», págs. 477-s.
549Bemhard Sirch, Der Ursprungderbischóflichen Mitra und derpápstlichen Tiara, St.
Ottilien 1975, pág. 162.
380 Ibid. , págs. 180-s.
51Por lo que respecta a la estatua de san Pedro, normalmente no se ve en forma
coronada; sólo en ocasiones festivas se le coloca una tiara sacada del tesoro de la sa
cristía papal; también se puede contemplar así en postales oficiales del Vaticano.
352Cfr. para esto infra las págs. 827-ss.
353Que el gesto de Pablo VI fue un gesto tanto momentáneamente expresivo
cuanto convencional puede comprobarse comparándolo con actos semejantes de
desprendimiento de insignias; cfr. Percy Ernst Schramm, «Signos de poder: donados,
regalados, empeñados, vendidos», en Nachrichten der Akademie der Wissenschaften in
Gottingen, l: Phil. -Hist. Kl. 1957, n. a 5.
354Cfr. Helmut Pape, Die Unsichtbarkeit der Welt, Frankfurt 1997.
335Karl Rosenkranz, Ásthetik des Hásslichen, Leipzig 1990, pág. 20.
336Alexander von Humboldt, Kosmos, adaptado por Hanno Beck, Stuttgart 1978,
págs. 48 y 52.
909
557Más detalles sobre los grandes nombres de la época fundacional de la globo-
grafía se encuentran en Oswald Muris, Gert Saarmann, Der Globos im Wandel der Zei-
ten. Eine Geschichte der Globen, Berlín y Beutelsbach bei Stuttgart 1961, págs. 47-132.
358Cfr. Michel Foucault, El pensamiento del afuera (ver nota 278).
359Cfr. Crítica deljuicio, § 26: «De la valoración de las magnitudes de las cosas na
turales, necesaria para la idea de lo sublime»; y § 28: «De la naturaleza como un po
der». Según Kant, el fundamento de lo sublime no está tanto en la presencia de una
magnitud desmesurada o de una fuerza avasalladora cuanto en el regreso del sujeto
a sí mismo, como un ser que conserva su dignidad también frente a lo despropor
cionado, en tanto insiste en ser un ser racional.
360En esto Humboldt va mucho más allá que su colega y rival Charles Darwin, que
sólo había traído de su viaje alrededor del mundo (1831-1836), a bordo del Beagle (ale
mán: Tubinga 1981), pocos «cuadros» manifiestamente sublimes, entre otros éste:
«Entre las imágenes que se han imprimido profundamente en mi memoria ninguna
supera en grandiosidad los bosques no tocados todavía por la mano del ser humano,
sean los de Brasil, donde predomina la fuerza de la vida, o los de la Tierra del Fuego,
donde impera la muerte y la disolución. Ambos son templos repletos de los magnífi
cos productos del Dios de la naturaleza: nadie puede estar en esas soledades sin sen
tir que en el ser humano existe algo más que el mero aliento de su cuerpo» (pág. 372).
También sabe Darwin que un explorador de la tierra ya no se las arregla con una
estética de lo bello; según el espíritu del tiempo, tiene que ser completada por una
de lo (cuantitativa y dinámicamente) sublime: «Entre los escenarios de la naturaleza,
por fin, las vistas desde grandes montes, aunque en cierto sentido no sean bellas, sí
son muy singulares. Cuando se mira hacia abajo desde la última cima de la cordille
ra, el espíritu siente la impresión de las asombrosas dimensiones de las masas cir
cundantes, sin ser estorbado por detalles minuciosos» (ibid. ).
361Walter Benjamín, «París, capital del siglo xix», en Iüuminationen, escritos escogi
dos, Frankfurt 1977, pág. 177 [Iluminaciones, Taurus, Madrid 1993].
362Nueva York 1973.
363Cfr. para esto las clarificaciones fenomenológicas de Hermann Schmitz en su
System der Philosophie, vol. III, Der Raum, parte primera, «Der leibliche Raum», 2. a ed. , Bonn 1988, § 119, «Der Richtungsraum» (así como §§ 219-231) y § 120, «Der Orts- raum» (así como §§ 132-135).
364Rilke, a quien se debe la expresión Weltinnenraum (espacio interior de mun
do), intentó superar la experiencia fundamental de la Modernidad -que cosas y se
res humanos con un modo de pensar puramente referido al lugar espacial mueren
por privación de atmósfera- queriendo revitalizar el mundo, por su propia fuerza vi-
vencial, con una especie de animismo poético; el resultado de esto ya no podía ser
ningún alma del mundo de tipo platónico, sino sólo una especie de intensidad cos-
mológico-individual, correspondiente al modo del «habitar poéticamente» contem
poráneo.
363De todos modos, el éxito del globo tridimensional ya había sido relativizado
910
por las representaciones planisféricas de la tierra, omnipresentes a partir de los últi
mos años del siglo xvi, que se fueron imponiendo por la ventaja de poder ser repro
ducidas en atlas-libros.
366Cfr. Martin Heidegger, «La época de la imagen del mundo» (1938), en Hoh-
wege, 6. 1ed. 1980, pág. 92.
367Que mercancía y dinero son condiciones del capital es algo trivial; que textos,
imágenes y prominencias también lo son es algo que van entendiendo progresiva
mente los agentes del moderno sector de la cultura, frente a las tradicionales reser
vas conservadoras en lo que atañe al campo del espíritu. Cómo se aplica esto a tex
tos e imágenes puede deducirse de las consideraciones, entre otras, de Georg Franck,
Okonomie der Aufmerksamkeit, Ein Entwuif, Munich-Viena 1998. Sobre la economía po
lítica de la prominencia es esclarecedor Thomas Macho, «De la elite a la prominen
cia. Sobre el cambio de estructura del poder polídco», en Merkur, cuaderno 534-535,
1993, págs. 762-769, así como «El rostro prominente. Apuntes sobre la politización de
la apariencia», en Sabine R. Amold, Christian Fuhrmeister y Dietmar Schiller (eds. ),
Potitische Inszenierungen im 20. Jahrhundert. Zur Sinnlichkeit der Machí, Viena 1998, págs.
171-184.
368Cfr. Elly Decker, «El globo celeste: un mundo para sí», en Focus Behaim Globos,
parte 1, Nuremberg 1992, págs. 89-100.
369Una excepción importante es el poema de Heinrich Brockes «El firmamento»
(en Irdisches Vergnügen in Gott, bestehend in Physicalisch - und moralischen Gedichten, pri
mera parte, Hamburgo 1723), que puede leerse como una réplica al dictum de Pascal
sobre el eterno silencio de los espacios infinitos. Es cierto que el poema de Brockes
lleva un título impropio, dado que para el poeta ya no existe firmamento alguno que
pudiera proporcionar estabilidad cósmica, sino sólo una sujeción inespacial del alma
en Dios: «. .
268Seguiremos desarrollando esta consideración (enlazando con un motivo de
Hermán Melville) en el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la
globalización terrestre», págs. 695-s.
267Cfr. Martin Heidegger, Conceptosfundamentales de la metafísica, mundo - finitud
- soledad. En estas lecciones del semestre de invierno 1929-1930, que contienen esbo
zos filosófico-naturales, singulares dentro de su ceuvre, Heidegger pone de relieve el
ser-en-el-mundo típicamente humano frente a la indigencia de mundo de la impli
cación animal en el entorno y a la falta de mundo de las piedras.
903
Citado por Georges Poulet, Metamorphosen des Kreises in der Dichtung, Frankfurt-
Berlín-Viena 1985, págs. 120*121.
** Ibid. , pág. 290.
270Cfr. supra el capítulo 5: «Detis sive sphaera», págs. 463-ss.
271Cfr. Jacques Le Golf, Lanaissancedupurgatoire,París 1981,págs. 9-27:«Le troi-
siéme lieu» [Elnacimientodelpurgatorio,Taurus, Madrid 1985].
272Cfr. Cari von Linné, Nemesis divina, Wolf Lepenies y Lars Gustafsson (eds. ), se
gún la edición sueca de Elis Malmestróm y Telemak Fredbáij, Munich 1981.
*’7HC u s í
s'osserva in me lo contrapasscr. Inferno, canto 28, 142. («Y en mí se cumple la
contrapartida»: el hablante es el trovador Bertrando dal Bomio, que está encerrado
en el infierno de los malos consejeros; así como durante la vida había sembrado dis
cordia entre un padre y un hijo, ahora, en el infierno, tiene que despedazarse a sí
mismo y andar por allí con su propia cabeza cortada en las manos. )
274 Para el «primer» imperativo categórico, cfr. Esferas i, pág. 454
275Cfr. Elaine Scarry, Der Kórper im Schmerz. Die Chiffren der Verletzlichkeit und dieEr-
findung der Kultur, Frankfurt 1992, págs. 41-90, donde la autora, mediante una sutil fe
nomenología del tormento, analiza la desintegración del mundo y del yo que causa
el dolor.
27,1 Cfr. Ludger Lütkehaus, Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbewussten
vorFreud, Frankfurt 1995, págs. 2-7.
27Cfr. infra el capítulo 8: «La última esfera. Para una historiafilosófica de la globa-
lización terrestre», págs. 813-s.
2TM«La pensée du dehors», en Critique 229, págs. 523-546 [Elpensamiento del afuera,
Pre-Textos, Valencia 1989].
27v Soren Kierkegaard, Kleine Schrifien 1848/1849, en S. K. , Gesammelte Werke, sec
ción 21-23, Gütersloh 1984, págs. 132, 121 y 134.
2H"Con ocasión de esto puede pensarse tanto en las sólidas residencias de los
grandes reyes persas como en el mantenerse (mone) del uno cabe sí mismo (saliendo-
de-sí y volviendo-a-sí simultáneamente) en el esquema de la tríada próclica.
281 Cfr. Jan Assmann, «La fiesta procesional egipcia», en Das Fest und das Heilige,
Jan Assmann y Theo Sundermeier (eds. ), Gütersloh 1991, pág. 120.
2*2 Goethe (Dichtung und Wahrheit i, 5) recuerda que el joven rey parecía real
mente perdido en sus solemnes vestimentas y hubo de sonreír sobre su propio dis
fraz; de María Teresa se dice que dos decenios antes, con ocasión de la misma cere
monia, al ver a su esposo, disfrazado, que a la salida de la catedral le ofrecía las
insignias de su reino, sufrió un ataque de risa: ningún buen presagio para los defen
sores de la presencia real.
2NSPuede hacerse plausible, mediante una deducción histórico-natural del com
portamiento animal dentro de su territorio, que las representaciones simbólicas no
están limitadas, en absoluto, a la presentación in absentia de eminencias políticas.
Cfr. para ello Thomas Kappe, «Notas para una biología de los límites», en Die Gren-
ze. Begriff und Inszenierung, Markus Bauer y Thomas Rahn (eds. ), Berlín 1997, págs.
904
133-146: «No siempre los territorios son tan pequeños que el límite efectivo pueda
ser señalado mediante la propia presencia. Hay que efectuar, entonces, marcas de
límites que sean efectivas también en ausencia del dueño del territorio [. . . ]. Los ras
tros olorosos permiten reconocer a un dueño de un territorio [. . . ] como un indivi
duo único, son tan inconfundibles como una huella dactilar. En ese sentido habría
que modificar la formulación: “Las señales olorosas son efectivas también en au
sencia del dueño del territorio”. El dueño del territorio, efectivamente, no está au
sente, sino presente por su olor en el límite». Para una ontotopología del olor, cfr.
supra el excurso 2: «Merdocracia. De la inmunoparadoja de culturas sedentarias»,
págs. 297-ss.
284Cfr. Jochen Hórisch, Brot und Wein. Zur Poesie des Abendmahls, Frankfurt 1992;
ibid. , «El ser de los signos y los signos del ser. Notas marginales a la ontosemiología
de Derrida», en Jacques Derrida, Die Stimme und das Phánomen. Ein Essay über das Pro-
blern des Zeichens in der Philosophie Husserls, Frankfurt 1979, págs. 7-50 [La voz y elfenó
meno, Pre-Textos, Valencia 1993].
285Kierkegaard, Kleine Schriften (ver nota 279), pág. 121.
286Cfr. G. E. Lessing, Minna von Bamhelm, acto m, escena 10: «Ypensamos que es
cribir cartas no es algo inventado para quienes pueden conversar oralmente unos
con otros siempre que quieran».
287Sobre este «cierre de la puerta» en la situación posprofédca, cfr. Jan Assmann,
Das kulturelle Gedáchtnis. Schrift, Erinnerung und politische Identitát in frúhen Hochkultu-
ren, 2. a ed. , Munich 1997, pág. 176; cfr. también T. Nagel, Die Festung des Glaubens.
Triumph und Scheitem des islamischen Rationalismus im 11. Jahrhundert, Munich 1988.
288Cfr. Erik Peterson, «El monoteísmo como problema político», en E. P. , Theo-
logische Traktate, Munich 1951, pág. 66.
289Cfr. Tilmann Moser, Gotlesvergiftung, Frankfurt 1976.
290 Servus fugitivus furtum sui facit. Cfr. Michael Wolff, Geschichte der Impetustheorie.
Untersuchungen zum Ursprung der klassischen Mechanik, Frankfurt 1978, págs. 94-95.
291Libro 11, Constitución 48, 23: «Ysi él (el comprometido en otra parte) se ocul
ta o intenta esconderse, hay que considerarlo como un esclavo prófugo, como si es
tuviera en la situación de una cosa robada, sin que exista prescripción del caso. . . »,
Leipzig 1991, págs. 250-251.
292La figura conceptual «autopropiedad» será fundamental para la historia de la
sociedad moderna, porque sólo mediante ella se vuelve expresivo jurídica y econó
micamente el estatuto de los proletariados en los «mercados de trabajo». Los prime
ros «trabajadores» auténticos proceden del levantamiento de los lolardos en 1381 en
Inglaterra, con el que consiguieron abolir la servidumbre y ganar la propiedad de sí
mismos, incluido el derecho de autoalquiler a plazos.
293De modo parecido, Erik Peterson, en su curso sobre la primera carta a los ro
manos, habla de la Iglesia como «Cristosfera», «que está ahí representando a Cristo
mismo»; cfr. E. P. , Der Brief an die Romer, Munich 1997. Esta formulación viene esti
mulada por las ideas de Cari Schmitt sobre la dialéctica de la Iglesia visible e invisi
905
ble. Cfr. Barbara Nichtweiss, ErikPeterson. NeueSichtaufLebenundWerk,Friburgo-Ba-
silea-Viena 1992, pág. 745.
294Duden, vol. 7, Etymologie, Mannheim 1989, pág. 695.
295 Cfr. Theologisches Wórterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart 1990, artículo
EOavYÉXiov, tomo 2, pág. 718; artículo ’EKKkrioía, tomo 3, págs. 503-ss.
296Cfr. Arthur Kroker, The Possessed Individual. Technology and theJrench postmodem,
Nueva York 1992; Friedrich Kittler, «Historia de los medios de comunicación», en
Raum und Verfahren, intervenciones en el Museum fur Gestaltung de Zurich, Alois
Huber y Alois Martin Müller (eds. ), Basilea y Frankfurt 1993, págs. 169-188; Norbert
Bolz, Theorie der neuen Medien, Munich 1990.
297Cfr. Dieter Hildebrandt, Saulus/Paulus. Ein Doppeüeben, Munich 1989, pág. 138:
«Esas calzadas no son caminos de paseo, sino líneas estructurales de poder, no son
zonas peatonales, sino pistas para la rueda de la historia». La importancia y signifi
cado imperiales de la construcción de calzadas la subraya también Amold E. T. Ehr-
hardt, «Imperium y humanitas. Fundamentos del imperialismo romano», en Studium
Generóle, año 14, 1961, págs. 646-ss: «El problema decisivo de la dominación antigua
fue el problema de comunicación» (649).
298Cfr. Erik Peterson, «Cristo como emperador», en Theologische Traktate, Munich
1951, págs. 151-164.
299El paso de las imágenes telecomunicativas del proceso apostólico a las arqui
tectónicas se cumplió ya en el siglo II:
en la tercera visión de El pastor de Hermas, un
escrito visionario romano, que podría haber sido escrito en tomo al año 150, ya no
se concibe la Iglesia como ámbito de alcance de emisión, sino como obra arquitec
tónica, y además como una obra tan sin fisuras que parece fundida en una única pie
za. En las metáforas del templo para el corpus Christi que aparecen en las cartas de los
apóstoles se ofrecen numerosos puntos de apoyo para el procedimiento de describir
comunicaciones como substancias. Esta transformación está prefigurada en juegos
de lenguaje que hablan del 12 como casa de Dios. Cfr. Klaus Berger, Theologie-
geschichte des Urchristentums, Tubinga y Basilea 1994, págs. 131-ss.
,0° Cfr. Claudia Schmólders, «La voz del mal. Sobre la configuración sonora del
Tercer Reich», en MerhurS/\997, págs. 681-693. La autora remite a la novela Zorros vo
ladores de Marcel Beyer, Frankfurt 1995, que es la primera que con medios narrativos
explora el tema de la acústica política de la sociedad fascista.
301 Cfr. capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», págs. 439-453.
*’2Para la medialidad de la sangre en el sentido microsférico, cfr. vol. i, excurso
2: «Nobjetos», págs. 271-ss.
303Cfr. Raffaele
Pettazzoni,
Der allwissende Gott.
Zur Geschichte der Gottesidee, Frank-
furt-Hamburgo 1960.
304Cfr. para ello el capítulo 5: «Deus sive sphaera o: El Uno-Todo que estalla», pags.
469-476.
305Cfr. Fritz Taeger, Charisma. Studien zur Geschichte des antiken Herrscherkultes, vol.
2, Stuttgart 1960, págs. 192-ss.
906
306Cfr. Paul Zanker, Augustas und die Machí der Bilder, Munich 1987, pág. 304 [Au
gusto y el poder de las imágenes, Alianza, Madrid 1992].
307Cfr. Taeger, Charisma (ver nota 305), pág. 273.
308Según otras tradiciones fue Vespasiano quien hizo colocar la cabeza de Helios
sobre el coloso.
309Ver para esto el excurso 4: «Panteón. Sobre la teoría de la cúpula», págs. 375-401.
3. 0Cfr. LEmpereurJulien, CEuvres completes, tomo II, 2. a parte, «Discurso del empe
radorJuliano», texto establecido y traducido por Christian Lacombrade, París 1964,
pág. 132.
3. 1 Ibid. , págs. 134 y 137.
3. 2Eusebio de Cesárea, Vita Constantinii, cap. 29, citado por Torben Christensen,
Christus oderJúpiter. Der Kampf um die geistigen Grundlagen des Romischen Reiches, Gotin
ga 1981, pág. 183.
3. 3Cfr.
Jacob Burckhardt, Die Zeit Constantins des Grossen, Munich 1982, págs. 279-ss.
314Martin Heidegger, en un presentimiento ejemplar de Sein und Zeit, § 23, «La
espacialidad del ser-en-el-mundo», explícita: «Con la “radiodifusión”, por ejemplo,
consuma hoy el ser-ahí, por el camino de una ampliación del entorno cotidiano, un
des-alejamiento del “mundo” cuyo sentido y alcance todavía no puede comprender».
Tubinga 1967, pág. 105.
3. 5Cfr. Harold A. Innis, Empire and Communication. An iüustrated edition, David God-
frey (ed. ), Toronto 1986, pág. 103.
3. 6Cfr. Béatrice Fraenkel, La signature. Genese d'un signe, París 1992.
3. 7 Sobre la función de la «fórmula literal»: «no añadir ni quitar nada», cfr. Jan
Assmann, Das kuUureüe Gedáchtnis (ver nota 287), págs. 236-ss.
3. 8 Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera», pág. 415 y nota 196.
3. 9Citado por André Guillou, La dvilisation byzantine, París 1974, págs. 114-115.
320Cfr. Leviatán, parte 1, cap. xiii.
321Cfr. Talmud deJerusalén, Tratado Berakot ix, 5; Talmud de Babilonia, Trata
do Sota 22 b; ahí se distinguen cinco clases de fariseos, una de las cuales integra la tí
pica clase de hipócritas del Nuevo Testamento, los «sepulcros blanqueados».
322Todavía la estética clásica tiene como presupuesto la preeminencia del signi
ficado; cfr. el artículo de Friedrich Schiller «Sobre los límites necesarios en el uso de
formas bellas».
323Cfr. George Steiner, Von realer Gegenwart. Hat unser Sprechen InhcUtT, Munich-
Viena 1990 [Presencias reales, Destino, Barcelona 1992].
324Christensen, Christus oderJúpiter (ver nota 312), pág. 117.
325L. Anneo Séneca, De clementia, Úber die Guíe, latín/alemán, traducido y editado
por Karl Büchner, Stuttgart 1970/1992, págs. 25-27.
326Cfr. Jacques Gemet, Die chinesische Welt, Frankfurt 1988, pág. 91 [El mundo chi
no, Crítica, Barcelona 1999]; sobre la mística policial del gobierno señorial, ver tam
bién Jean Levi, Lesfonctionnaires divins. Politique, despotisme et mystique en Chine ancien-
ne, París 1989.
907
’*7 El motivo clementia es virulento desde que César, tras su victoria en la lucha
contra Marco Antonio, señalara que no quería seguir el camino trazado por Sila, es
decir, vengarse mediante listas de proscritos de enemigos anteriores.
w De clementia, libro segundo, I, 2 (ver nota 325), pág. 73.
El toposde la clemencia de Tito siguió siendo virulento hasta la ópera de la co
ronación de Mozart para Leopoldo II (1791).
Marco Aurelio, Soliloquios IV, 35.
^ Junto a los dos procedimientos, típicos de grandes culturas, para hacer hablar
a lo divino, el apostólico-sacerdotal y el emanacionista-filosófico, se conserva (preci
samente en los imperios, incluso hasta en la moderna cultura de masas) una plétora
de técnicas mánticas (oráculos de entrañas, contemplación de pájaros, oráculos de
dados, conchas, aquileas, horoscopia, lectura de las líneas de la mano, contempla
ción de la bola de cristal, lectura de cartas, etc. ), que, prescindiendo de sus raíces pri
mitivas, son capaces de refinamientos superiores. Las prohibiciones imperiales esca
lonadas de la adivinación, entre los años 294-358, documentan que el imperio estaba
decidido a poner coto con todos los medios a su alcance a la inflación de informa
ciones provenientes del más allá. Cfr. Marie Theres Fógen, Die Enteignung der Wahr-
sager. Studien zum kaiserlichen Wissensmonopol in der Spátantike, Frankfurt 1993. El cris
tianismo, que había avanzado hasta convertirse en Iglesia imperial, heredó de los
emperadores paganos el interés político en el monolingüismo del supramundo.
w Cfr. Hans Küng, Das Christentum. Wesen und Geschichte, Munich-Zurich 1994,
apartado C II, «El paradigma ecuménico-helenístico de la Antigüedad cristiana»,
págs. 145-335[Elcristianismo:esenciaehistoria,Trotta, Madrid 1997].
mCfr. para esto Hans Belting, BildundKult. EineGeschichtedesBildesvordemZei-
talter der Kunst, Munich 1990, págs. 64-70, que utiliza detenidamente el estudio de
Ernst von Dobschütz, Christusbilder; Leipzig 1899.
Cfr. Giuseppe Alberigo, GeschichtederKonzilien. VomNicanumbiszumVatica-
numll,Dusseldorf 1993,págs. 75-77(sobre los cánones disciplinarios 2y3).
vv‘ Sphaira. Globus. Reichsapfel. Wanderung und Wandlung eines Herrschaftszeichens
von Caesar bis Elisabeth ll. Ein Beitragzum «Nachleben*>der Antike, Stuttgart 1958. Inclu
ye una lista cronológica de los globos imperiales conservados, págs. 186-187.
m Las 27 proposiciones aparecen enteras en Eugen Rosenstock-Huessy, Die eu-
ropdischen Revolutionen und der Charakter der Nañonen, Moers 1987, págs. 143-144: para
su interpretación, cfr. Horst Fuhrmann, «El verdadero emperador es el Papa. Del po
der terreno en la Edad Media» en Das antike Rom in Europa, ciclo de conferencias en
la Universidad de Regensburg, Hans Bungert (ed. ), Regensburg 1985, págs. 99-s.
•w Cfr. Eugen Rosenstock-Huessy, Die europáischen Revolutionen (ver nota 336),
págs. 131-ss. y 143-ss. ; así como Friedrich Heer, Europáische Geistesgeschichte, Stuttgart
1953, págs. 82-s.
m Cuyos sucesores tipológicos son, entre otros, los compañeros de trabajo de las
grandes compañías telefónicas americanas, que desde bases de operación en Europa
central (Viena, Praga, etc. ) colonizan con redes los territorios de la antigua Unión
908
Soviética. Sobre telecomunicación religiosa en los comienzos de la globalización te
rrestre ver infra las págs. 825-840.
339 Cfr. Marc Bloch, Les rois thaumaturgues, París 1924 y 1983, alemán: Die wun-
dertátigen Kónige, Munich 1998; para el episodio de Aviñón, cfr. también infra el ex
curso 6: «La descoronación de Europa. Anécdota sobre la tiara», págs. 683-693.
540J. G. Fichte, Werke,vol. V,págs. 81-82.
341Bemhard Siegert, GeschkkederLiteraturaisEpochederPost, 1751-1913, Berlín 1993,
pág. 6. Esta tesis, bellamente acentuada, le debe mucho a la semiopolemología de Frie-
drich Kitder, que señala la posición más avanzada de la mediología contemporánea.
342La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, Heidelberg 1984, págs. 701-703;
cfr. Thomas Macho, «Imágenes sangrantes», en Kursiv, una revista de arte de la Alta
Austria, cuaderno 1997/3: Blutbilder (I), págs. 63-67.
343Sobre el fenómeno de la clausura étnica, cfr. Peter Daniel, ZAUN. Normen ais
Zaun um dasjüdische Volk. Zum Phánomen der Zeilüberdauer desJudentums, Viena 1995;
también Jan Assmann, Das kulturelle Gedachtnis (ver nota 287), cap. 5: «Israel y la in
vención de la religión», págs. 196-228.
344Shalom ben-Horin, Paulus. Der Vólkerapostel injüdischer Sicht, Munich 1980, págs.
175-176.
343Cfr. Jacob Taubes, Die politische Theologie des Paulus, conferencias pronunciadas
en el Centro de Investigación de la Comunidad de Estudios Evangélicos de Heidel
berg, 23-27 de febrero de 1987, 2. aed. , Munich 1995.
346 Eugen Rosenstock-Huessy, «El fruto de los labios», en Die Sprache des Men-
schengeschlechts. Eine leibhafte Grammatik in vier Teilen, vol. 2, Heidelberg 1964, págs. 797
y 801.
347Ibid. , pág. 803.
448Cfr. supra el capítulo 5: «Deus sive sphaera», págs. 477-s.
549Bemhard Sirch, Der Ursprungderbischóflichen Mitra und derpápstlichen Tiara, St.
Ottilien 1975, pág. 162.
380 Ibid. , págs. 180-s.
51Por lo que respecta a la estatua de san Pedro, normalmente no se ve en forma
coronada; sólo en ocasiones festivas se le coloca una tiara sacada del tesoro de la sa
cristía papal; también se puede contemplar así en postales oficiales del Vaticano.
352Cfr. para esto infra las págs. 827-ss.
353Que el gesto de Pablo VI fue un gesto tanto momentáneamente expresivo
cuanto convencional puede comprobarse comparándolo con actos semejantes de
desprendimiento de insignias; cfr. Percy Ernst Schramm, «Signos de poder: donados,
regalados, empeñados, vendidos», en Nachrichten der Akademie der Wissenschaften in
Gottingen, l: Phil. -Hist. Kl. 1957, n. a 5.
354Cfr. Helmut Pape, Die Unsichtbarkeit der Welt, Frankfurt 1997.
335Karl Rosenkranz, Ásthetik des Hásslichen, Leipzig 1990, pág. 20.
336Alexander von Humboldt, Kosmos, adaptado por Hanno Beck, Stuttgart 1978,
págs. 48 y 52.
909
557Más detalles sobre los grandes nombres de la época fundacional de la globo-
grafía se encuentran en Oswald Muris, Gert Saarmann, Der Globos im Wandel der Zei-
ten. Eine Geschichte der Globen, Berlín y Beutelsbach bei Stuttgart 1961, págs. 47-132.
358Cfr. Michel Foucault, El pensamiento del afuera (ver nota 278).
359Cfr. Crítica deljuicio, § 26: «De la valoración de las magnitudes de las cosas na
turales, necesaria para la idea de lo sublime»; y § 28: «De la naturaleza como un po
der». Según Kant, el fundamento de lo sublime no está tanto en la presencia de una
magnitud desmesurada o de una fuerza avasalladora cuanto en el regreso del sujeto
a sí mismo, como un ser que conserva su dignidad también frente a lo despropor
cionado, en tanto insiste en ser un ser racional.
360En esto Humboldt va mucho más allá que su colega y rival Charles Darwin, que
sólo había traído de su viaje alrededor del mundo (1831-1836), a bordo del Beagle (ale
mán: Tubinga 1981), pocos «cuadros» manifiestamente sublimes, entre otros éste:
«Entre las imágenes que se han imprimido profundamente en mi memoria ninguna
supera en grandiosidad los bosques no tocados todavía por la mano del ser humano,
sean los de Brasil, donde predomina la fuerza de la vida, o los de la Tierra del Fuego,
donde impera la muerte y la disolución. Ambos son templos repletos de los magnífi
cos productos del Dios de la naturaleza: nadie puede estar en esas soledades sin sen
tir que en el ser humano existe algo más que el mero aliento de su cuerpo» (pág. 372).
También sabe Darwin que un explorador de la tierra ya no se las arregla con una
estética de lo bello; según el espíritu del tiempo, tiene que ser completada por una
de lo (cuantitativa y dinámicamente) sublime: «Entre los escenarios de la naturaleza,
por fin, las vistas desde grandes montes, aunque en cierto sentido no sean bellas, sí
son muy singulares. Cuando se mira hacia abajo desde la última cima de la cordille
ra, el espíritu siente la impresión de las asombrosas dimensiones de las masas cir
cundantes, sin ser estorbado por detalles minuciosos» (ibid. ).
361Walter Benjamín, «París, capital del siglo xix», en Iüuminationen, escritos escogi
dos, Frankfurt 1977, pág. 177 [Iluminaciones, Taurus, Madrid 1993].
362Nueva York 1973.
363Cfr. para esto las clarificaciones fenomenológicas de Hermann Schmitz en su
System der Philosophie, vol. III, Der Raum, parte primera, «Der leibliche Raum», 2. a ed. , Bonn 1988, § 119, «Der Richtungsraum» (así como §§ 219-231) y § 120, «Der Orts- raum» (así como §§ 132-135).
364Rilke, a quien se debe la expresión Weltinnenraum (espacio interior de mun
do), intentó superar la experiencia fundamental de la Modernidad -que cosas y se
res humanos con un modo de pensar puramente referido al lugar espacial mueren
por privación de atmósfera- queriendo revitalizar el mundo, por su propia fuerza vi-
vencial, con una especie de animismo poético; el resultado de esto ya no podía ser
ningún alma del mundo de tipo platónico, sino sólo una especie de intensidad cos-
mológico-individual, correspondiente al modo del «habitar poéticamente» contem
poráneo.
363De todos modos, el éxito del globo tridimensional ya había sido relativizado
910
por las representaciones planisféricas de la tierra, omnipresentes a partir de los últi
mos años del siglo xvi, que se fueron imponiendo por la ventaja de poder ser repro
ducidas en atlas-libros.
366Cfr. Martin Heidegger, «La época de la imagen del mundo» (1938), en Hoh-
wege, 6. 1ed. 1980, pág. 92.
367Que mercancía y dinero son condiciones del capital es algo trivial; que textos,
imágenes y prominencias también lo son es algo que van entendiendo progresiva
mente los agentes del moderno sector de la cultura, frente a las tradicionales reser
vas conservadoras en lo que atañe al campo del espíritu. Cómo se aplica esto a tex
tos e imágenes puede deducirse de las consideraciones, entre otras, de Georg Franck,
Okonomie der Aufmerksamkeit, Ein Entwuif, Munich-Viena 1998. Sobre la economía po
lítica de la prominencia es esclarecedor Thomas Macho, «De la elite a la prominen
cia. Sobre el cambio de estructura del poder polídco», en Merkur, cuaderno 534-535,
1993, págs. 762-769, así como «El rostro prominente. Apuntes sobre la politización de
la apariencia», en Sabine R. Amold, Christian Fuhrmeister y Dietmar Schiller (eds. ),
Potitische Inszenierungen im 20. Jahrhundert. Zur Sinnlichkeit der Machí, Viena 1998, págs.
171-184.
368Cfr. Elly Decker, «El globo celeste: un mundo para sí», en Focus Behaim Globos,
parte 1, Nuremberg 1992, págs. 89-100.
369Una excepción importante es el poema de Heinrich Brockes «El firmamento»
(en Irdisches Vergnügen in Gott, bestehend in Physicalisch - und moralischen Gedichten, pri
mera parte, Hamburgo 1723), que puede leerse como una réplica al dictum de Pascal
sobre el eterno silencio de los espacios infinitos. Es cierto que el poema de Brockes
lleva un título impropio, dado que para el poeta ya no existe firmamento alguno que
pudiera proporcionar estabilidad cósmica, sino sólo una sujeción inespacial del alma
en Dios: «. .