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) El animal-mundo es suje­ to-objeto de una ecología absoluta, que consume todo sin dejar res­ to y no permite que nada salga hacia fuera (igual que -por citar un ejemplo casi actual todavía- hasta comienzos del siglo XX en el bu­ dismo           gozaban de la mayor consideración como amuletos médicos píldoras de coprolitos del Dalai Lama, y hasta es posible que se tragaran realmente como medicinas en caso de necesidad ex­ trema, dado que los desechos del Dios vivo no pueden ser desecho alguno), mientras que el Hombre-Dios se ha obligado a una ecolo­ gía parcial, en la que hay que contar con restos perdidos y en la que se extemalizan desechos enérgicamente.