4,4ElmercaderdeVenecia,acto primero, primera escena: «Mis
empresas
no están
confiadas a una sola bodega, ni a un lugar; ni mi fortuna entera depende de la suer
te de este año; por eso no es mi mercancía lo que me pone triste».
confiadas a una sola bodega, ni a un lugar; ni mi fortuna entera depende de la suer
te de este año; por eso no es mi mercancía lo que me pone triste».
Sloterdijk - Esferas - v2
Percy Ernst Schramm, «Signos de poder: donados,
regalados, empeñados, vendidos», en Nachrichten der Akademie der Wissenschaften in
Gottingen, l: Phil. -Hist. Kl. 1957, n. a 5.
354Cfr. Helmut Pape, Die Unsichtbarkeit der Welt, Frankfurt 1997.
335Karl Rosenkranz, Ásthetik des Hásslichen, Leipzig 1990, pág. 20.
336Alexander von Humboldt, Kosmos, adaptado por Hanno Beck, Stuttgart 1978,
págs. 48 y 52.
909
557Más detalles sobre los grandes nombres de la época fundacional de la globo-
grafía se encuentran en Oswald Muris, Gert Saarmann, Der Globos im Wandel der Zei-
ten. Eine Geschichte der Globen, Berlín y Beutelsbach bei Stuttgart 1961, págs. 47-132.
358Cfr. Michel Foucault, El pensamiento del afuera (ver nota 278).
359Cfr. Crítica deljuicio, § 26: «De la valoración de las magnitudes de las cosas na
turales, necesaria para la idea de lo sublime»; y § 28: «De la naturaleza como un po
der». Según Kant, el fundamento de lo sublime no está tanto en la presencia de una
magnitud desmesurada o de una fuerza avasalladora cuanto en el regreso del sujeto
a sí mismo, como un ser que conserva su dignidad también frente a lo despropor
cionado, en tanto insiste en ser un ser racional.
360En esto Humboldt va mucho más allá que su colega y rival Charles Darwin, que
sólo había traído de su viaje alrededor del mundo (1831-1836), a bordo del Beagle (ale
mán: Tubinga 1981), pocos «cuadros» manifiestamente sublimes, entre otros éste:
«Entre las imágenes que se han imprimido profundamente en mi memoria ninguna
supera en grandiosidad los bosques no tocados todavía por la mano del ser humano,
sean los de Brasil, donde predomina la fuerza de la vida, o los de la Tierra del Fuego,
donde impera la muerte y la disolución. Ambos son templos repletos de los magnífi
cos productos del Dios de la naturaleza: nadie puede estar en esas soledades sin sen
tir que en el ser humano existe algo más que el mero aliento de su cuerpo» (pág. 372).
También sabe Darwin que un explorador de la tierra ya no se las arregla con una
estética de lo bello; según el espíritu del tiempo, tiene que ser completada por una
de lo (cuantitativa y dinámicamente) sublime: «Entre los escenarios de la naturaleza,
por fin, las vistas desde grandes montes, aunque en cierto sentido no sean bellas, sí
son muy singulares. Cuando se mira hacia abajo desde la última cima de la cordille
ra, el espíritu siente la impresión de las asombrosas dimensiones de las masas cir
cundantes, sin ser estorbado por detalles minuciosos» (ibid. ).
361Walter Benjamín, «París, capital del siglo xix», en Iüuminationen, escritos escogi
dos, Frankfurt 1977, pág. 177 [Iluminaciones, Taurus, Madrid 1993].
362Nueva York 1973.
363Cfr. para esto las clarificaciones fenomenológicas de Hermann Schmitz en su
System der Philosophie, vol. III, Der Raum, parte primera, «Der leibliche Raum», 2. a ed. , Bonn 1988, § 119, «Der Richtungsraum» (así como §§ 219-231) y § 120, «Der Orts- raum» (así como §§ 132-135).
364Rilke, a quien se debe la expresión Weltinnenraum (espacio interior de mun
do), intentó superar la experiencia fundamental de la Modernidad -que cosas y se
res humanos con un modo de pensar puramente referido al lugar espacial mueren
por privación de atmósfera- queriendo revitalizar el mundo, por su propia fuerza vi-
vencial, con una especie de animismo poético; el resultado de esto ya no podía ser
ningún alma del mundo de tipo platónico, sino sólo una especie de intensidad cos-
mológico-individual, correspondiente al modo del «habitar poéticamente» contem
poráneo.
363De todos modos, el éxito del globo tridimensional ya había sido relativizado
910
por las representaciones planisféricas de la tierra, omnipresentes a partir de los últi
mos años del siglo xvi, que se fueron imponiendo por la ventaja de poder ser repro
ducidas en atlas-libros.
366Cfr. Martin Heidegger, «La época de la imagen del mundo» (1938), en Hoh-
wege, 6. 1ed. 1980, pág. 92.
367Que mercancía y dinero son condiciones del capital es algo trivial; que textos,
imágenes y prominencias también lo son es algo que van entendiendo progresiva
mente los agentes del moderno sector de la cultura, frente a las tradicionales reser
vas conservadoras en lo que atañe al campo del espíritu. Cómo se aplica esto a tex
tos e imágenes puede deducirse de las consideraciones, entre otras, de Georg Franck,
Okonomie der Aufmerksamkeit, Ein Entwuif, Munich-Viena 1998. Sobre la economía po
lítica de la prominencia es esclarecedor Thomas Macho, «De la elite a la prominen
cia. Sobre el cambio de estructura del poder polídco», en Merkur, cuaderno 534-535,
1993, págs. 762-769, así como «El rostro prominente. Apuntes sobre la politización de
la apariencia», en Sabine R. Amold, Christian Fuhrmeister y Dietmar Schiller (eds. ),
Potitische Inszenierungen im 20. Jahrhundert. Zur Sinnlichkeit der Machí, Viena 1998, págs.
171-184.
368Cfr. Elly Decker, «El globo celeste: un mundo para sí», en Focus Behaim Globos,
parte 1, Nuremberg 1992, págs. 89-100.
369Una excepción importante es el poema de Heinrich Brockes «El firmamento»
(en Irdisches Vergnügen in Gott, bestehend in Physicalisch - und moralischen Gedichten, pri
mera parte, Hamburgo 1723), que puede leerse como una réplica al dictum de Pascal
sobre el eterno silencio de los espacios infinitos. Es cierto que el poema de Brockes
lleva un título impropio, dado que para el poeta ya no existe firmamento alguno que
pudiera proporcionar estabilidad cósmica, sino sólo una sujeción inespacial del alma
en Dios: «. . . El espacio del abismo, como hace un gran oleaje/ del mar sin fondo so
bre un hierro que se hunde,/ rompió en un instante sobre mi espíritu. / La inmen
sa fosa llena de luz invisible,/ llena de oscuridad clara, sin comienzo, sin barreras,/
se tragó inmediatamente el mundo, sepultó incluso los pensamientos;/ todo mi ser
era polvo, un punto, una nada,/ y me perdí a mí mismo. Esto me hundió de repen
te;/ la desesperación amenazaba a un pecho completamente perturbado:/ ¡Solo, oh
nada salvadora! , ¡bienaventurada pérdida! / Dios omnipresente, en ti me volví a en
contrar».
Estos versos muestran claramente tres cosas. Primera: el poeta ya no entiende el
originario sentido cosmográfico de la palabra «firmamento»; segunda: en analogía
con el océano, se imagina el cielo como algo en lo que uno puede hundirse; terce
ra: del naufragio de la imaginación en lo sin fondo sólo salva ya un Dios, que posee
una «tendencia esencial a la cercanía».
La idea de firmamento crea una sobrevida no sólo en la lírica, sino también en
el delirio. Daniel Paul Schreber anota en el capítulo 6 de sus Memorias de un neurópa
ta que algunas de las almas de los muertos que le visitan dan como dirección de pro
cedencia el «firmamento».
911
370 Eugcn Rosenstock-Huessy, Die europáischen Revolutionen und der Charakter der
Nationen, Moers 1987, pág. 264.
371Cfr. nota 363, pág. 441.
372Cfr. Armand Mattelart, Vinventiondelacommunication, París 1994,págs. 68-ss.
373Julio Verne, Reise um dieErde in achtzig Tagen, Zurich 1974, págs. 23-24.
374Hermann GrafKeyserling, ReisetagebucheinesPhilosophen(1918),Frankfurt 1980.
373Antonio Pigafetta, DieersteReiseumdieErde. EinAugenzeugenberichtvonderWel-
tumsegelungMagellans 1519-1522, editado y traducido por Robert Grün, Tubinga-Basi-
lea 1978, pág. 93.
378 Edward W. Said, Kultur und Imperialismus. Einbildungskraft und Politik im Zeital-
ter der Machí, Frankfurt 1994, pág. 18 [Cultura e imperialismo, Anagrama, Barcelona
1996]. La irónica formulación de Said refleja el cinismo del sistema de deportación
británico, en el que sirvieron como puntos de destino de una sistemática exportación
de malhechores, primero el Caribe, luego Nueva Inglaterra y finalmente Australia.
377Hermán Melville, Moby Dick oderDer Wal, Munich 1964, pág. 364.
378MobyDick, cap. 24, infine. Que a través de estos seabomestudiesse refuerce un
empirismo náutico frente a la escolástica universitaria pertenece a los hechos capita
les de la teoría cultural moderna (hasta que las universidades absorben ese ánimo ex
perimental y oponen un empirismo sedentario al móvil). Uno de aquellos que ha
bían hecho profesión de fe en el viajar-uno-mismo y ver-uno-mismo fue Fernández
de Oviedo, que en su HistoriageneralynaturaldelasIndiasno se cansó de repetir: «Lo
que digo aquí no se aprende en Salamanca, Bolonia o París. . . ». Citado por John H.
Elliot, DieNeueinderAltenWelt. FolgeneinerEroberung1492-1650,Berlín 1992,pág. 44.
379Pigafetta, Die erste Reise (ver nota 375), pág. 265. A propósito, hasta el siglo xvm
tardío los cuadernos de bitácora de las expediciones de descubrimiento quedan co
mo asunto secreto de los Estados navegantes; cfr. las observaciones de Georg Forster
con ocasión de la segunda expedición del Captain Cook Entdeckungsreise nach Thaiti
und in die Südsee 1772-1775, reeditado por Hermann Homann, Tubinga-Basilea 1979,
pág. 395.
380Cfr. para ello Immanuel Wallerstein, Das modeme Weltsystem. KapitalistischeLand-
lüirtschaftunddieEntstehungdereuropáischenWeltwirtschaftim16. Jahrhundert,Frankfurt
1986;id. ,DasmodemeWeltsystem//,Europazwischen1600und1750,Viena 1998.
381Oswald Spengler declaró esta frase como axioma de las épocas civilizatorias.
Cfr. DerUntergangdesAbendlandes,Munich 1923,1979,pág. 51:«Laexpansión esuna
fatalidad, algo demoníaco y monstruoso, que atrapa. . . yconsume. . . al ser humano del
estadio avanzado del mundo».
382La caracterización de los empresarios como «productores-deudores» se la de
bemos a Gunnar Heinsohn y Otto Steiger, que han presentado un modelo sugestivo
para el esclarecimiento de la dinámica innovadora de la economía moderna como
economía de propiedad, con su libro Eigentum, Zins und Geld. Ungeloste Ratsel der Wirt-
schaftstheorie, Reinbeck (Hamburgo) 1996.
383De remediis utriusquefortunae.
912
384Citado por Alfred Doren, «Fortuna en la Edad Media y en el Renacimiento»,
en Voríráge der Bibliothek Warburg, vol. 2, parte 1, 1922-1923, pág. 82, latín pág. 79.
385Algunos de ellos pone de relieve el sugestivo libro de Klaus Reichert Fortuna
oder die Bestándigkeit des Wechsels, Frankfurt 1985.
386Al contrario, el siglo xvm tardío descubre también al ser humano que tiene
mala suerte en sentido absoluto, o, como dirá Malthus, al pobre que «nace en un
mundo ya ocupado» y cuyos padres no están en condiciones de sustentarlo. Según
Malthus, tales hijos de la desgracia están «verdaderamente de sobra en la tierra. No
se ha puesto cubierto alguno para ellos en el gran festín de la naturaleza». Citado se
gún Armand Mattelart, L'invention de la communication, cit. , pág. 79.
387AsíhablóZaratustrain, «Antes de la salida del sol».
388Cfr. Jochen Hórisch, KopfoderZahl. DiePoesiedesGeldes,Frankfurt 1996.
389Daniel Defoe, Essay on Projects, 1697.
390Para la tipología de los príncipes-empresarios, cfr. Wemer Sombart, Der Bour-
geois. Zur Geistesgeschichte des modemen Wirtschaftsmenschen, Munich-Leipzig 1923, reedi
ción Berlín 1987, págs. 102-ss.
391Se obtiene una impresión especialmente clara del profundo cambio de ánimo
al respecto si se comparan los tonos triunfales que dominaron las celebraciones del
400 aniversario del viaje de Colón, en 1892, con la atmósfera flagelante del 500 ani
versario, en 1992.
391Cfr. BibliothecaMissionum,vol. 1, 1916. Colón sobre sí mismo: «El Señor me ha
convertido en embajador de un nuevo cielo y de una nueva tierra. . . Se ha cumplido. . .
lo que había profetizado Isaías».
393Cfr. Lydal Roper, «Masculinidad amenazada. Capitalismo y magia en la edad
moderna temprana», en
Odipus und der Teufel. Kórper und Psyche in derfrühen Neuzeit,
Frankfurt 1995, págs. 127-133. Ese mismo artículo ilustra el problema de la técnica de
transmisión en esas telecomunicaciones tempranas: según manifestaciones de Anna
Mergeler, en la bola de Antón Fugger habrían estado encerradas almas de malhe
chores condenados a errar por los aires: ¿podría haber informadores más rápidos
(aunque también menos fiables)? ; cfr. Roper, págs. 134-s.
394Para el estado actual del presupuesto consultivo de Hóhler, cfr. su libro Herzsch-
lagderSieger. DieEQRevolution, Düsseldorf-Munich 1997. Obsérvese el doble sentido
fascinante de Herzschlag[latido del corazón e infarto]. Sobre el Herzschlagde los per
dedores reflexiona, más bien en el tono de una contraconsulta depresiva, Richard
Sennett en su libro DerflexibleAtenseh. DieKulturdes neuenKapitalismus, Berlín 1998.
395Cfr. Félix
Alfred
Plattner, Jesuiten zur See. Der Wegnach Asien. Ein Beitragzur Ges-
chichte der Entdeckung, Zurich 1946.
396Un documento actual, y chocante para los tradicionalistas, de esa entrega de
las universidades en manos del sistema capitalista de la cognición es el discurso que
el presidente alemán, Román Herzog, pronunció en Berlín en 1998sobre la necesi
dad de reforma de las universidades alemanas.
397Hermán Melville, MobyDickoderDerWal,Munich 1964,pág. 25.
913
198La conocida caracterización de Bloch de las utopías geográficas de la edad mo
derna como formas expresivas de una «búsqueda horizontal de tesoros*» (Das Prinzip
Hoffnung, Frankfurt 1959, vol. u, págs. 883-s. [Elprincipio esperanza, 2 vols. , Aguilar, Ma
drid 1979]) no oculta una cierta parcialidad en favor del modelo citado. Efectiva
mente, el socialismo-de-buscadores-de-tesoros supuso que la naturaleza siempre es
gratis. En ese sentido se manifiesta en Bloch un rasgo sólidamente saint-simonista,
que se traduce en la convicción de que la «explotación del ser humano por el ser hu
mano» ha de ser sustituida por la explotación del globo por el ser humano.
** Cfr. Pigafetta, Die ersle Reise (ver nota 375), págs. 84-86.
4“uCfr. Klaus Heinrich, fhss der Medusa. 3 Studien zur Faszinationsgeschichte mit meh-
reren Beilagen und einem Anhang, Basilea-Frankfurt 1995, págs. 9-45.
401 Para el motivo stop history/, cfr. Eric Voegelin, Order and History, vol. 4, The Ecu-
menic Age, Baton Rouge-Londres 1974, págs. 329-333.
Cuyo culto fue establecido en Roma tras el regreso de Augusto de su expedi
ción a Oriente el año 19 a. C.
404También Marx consideró el «retomo del punto de partida a sí mismo» como
característica del movimiento incipiente de capital. «Considerada a primera vista, la
circulación aparece como un perversoprocesoinfinito. La mercancía se cambia por di
nero; el dinero se cambia por mercancía y esto se repite hasta el infinito», Grundris-
se der Kritik der politischen Ókonomie, borrador 1857-1858, Frankfurt-Viena, sin fecha,
pág. 111. Pero lo que le importa a Marx es mostrar dos cosas: primera, que en la me
tamorfosis dinero-mercancía-dinero puede aparecer el fenómeno, en principio miste
rioso, de la plusvalía, que da alas al proceso del capital; segunda, que en la competen
cia de los capitales tienen que aparecer crisis en su explotación y, en consecuencia,
crisis sociales, que se crucen en el camino del permanente retomo feliz del dinero,
como capital, a sí mismo.
4,4ElmercaderdeVenecia,acto primero, primera escena: «Mis empresas no están
confiadas a una sola bodega, ni a un lugar; ni mi fortuna entera depende de la suer
te de este año; por eso no es mi mercancía lo que me pone triste».
405Cfr. Peter L. B em stein, Against the Gods. TheRemarkableStory ofRisk, Nueva York
1996; Frangois Ewald, Der Vorsorgestaat, Frankfurt 1993, sección II, «Del riesgo», págs. 171-275.
** Desde el punto de vista sociológico, la filosofía británica del commonsensere
fleja la circunstancia de que en Inglaterra se cerró antes, y en formas más sólidas, que
en los Estados territoriales continentales el compromiso histórico entre comercio
(burgués) y propiedad (aristocrática). Esto favoreció un clima en el que pudieron
florecer filosofías de la sociedad no-trágicas y convivíales, mientras que en el conti
nente, sobre todo en los principados alemanes, prevalecieron filosofías del Estado
trágicas y autoritarias.
44,7Una readaptación de Daniel 12, 4. Hay, por cierto, gran cantidad de historias soñolientas de la filosofía en las que los barcos de la portada de Bacon se represen tan saliendo del puerto.
914
408Historia ventorum, 1622; como apertura de su Historia naturalis et experimentalis
adcondendamphilosophiam,que apareciócomotercerapartedesu Instauratio.
409Edmund Husserl, Erfahrungund Urteil. UntersuchungenzurGenealogiederLogik,
Hamburgo 1972, pág. 24.
4. 0 «Diario de mi viaje en el año 1769», en Schriften. Eine Auswahl aus dem Gesamt-
werk, Munich 1960, págs. 27-28.
4. 1 «Sobre el fundamento de la distinción de todos los objetos en general en fe
nómenos y noúmenos», inicio.
4. 2Italienische Reise, Frankfurt 1976, pág. 302.
4,5El parágrafo es famoso no en último término porque Cari Schmitt se remite a él
para fundamentar sus doctrinas geopolíticas: así como, según la interpretación de Sch
mitt, el marxismo sólo habría sido un desarrollo histórico-universal de los parágrafos
precedentes, 243-246,de la Filosofíadelderechohegeliana, así el schmittismo tendría que
llevar a cabo el correspondiente desarrollo del parágrafo 247. La razón de que esto se
quedara en una pretensión vacía estuvo tanto en la insuficiencia de las contribuciones
de Hegel a la oceanología política como en la circunstancia de que al teorema funda
mental geopolitológico de Schmitt, el dogma del papel -constitutivo de poder- del do
minio sobre tierra, mar, aire y fuego, por su limitación en la teoría de los elementos, le
faltó la dimensión decisiva de una teoría moderna del poder, la teórico-mediátíca.
4. 4 «El romano vence estando sentado. » Principio fundamental de la era agro-
metafísicoimpenal: de una época en la que ordenanzas, administración, explotación
de recursos tenían preeminencia sobre flujos, circulaciones, inversiones. Hay que
admitir que los Estados territoriales del siglo xvn y xvih, cuando pretendieron mo
dernizarse, tuvieron que habérselas sobre todo con problemas internos; la creación
de «infraestructuras» y mercados interiores de comunicación de mercancías y noti
cias (canales, carreteras, puentes, catastros, editoriales, correo, telecomunicación, es
tándares para masas y pesos, ortografía, gramática, escuelas, bancos,juzgados, siste
ma monetario, impuestos, estadística) absorbía una gran parte de las energías
estatales e hizo que quedara en segunda fila la cuestión de las conexiones exteriores
con el mundo. Esto se refleja en prácticamente todos los discursos filosóficos, que
quedaron presos en un horizonte terrestre, «fisiocrático», orientado a bienes in
muebles y, en último término, agrosófico.
4. 5«Ser libre significa calcular cualquier movimiento del competidor a la vez que
uno mismo resulta completamente inaccesible a una calculabilidad así», Terry Ea-
gleton, Ásthetik. Die Geschichte ihrer Ideologie, Stuttgart-Weimar 1994, pág. 77.
416Cfr. Comel West, TheAmerican Evasión ofPhilosophy. A Genealogy ofPragmatismo
Wisconsin 1989.
4,7 Cfr. Bruno, Zwiegespráche vom unendlichen AU und den Weltenf Darmstadt 1983,
págs. 23y 22. Bruno celebra como una liberación de límites euforizante su travesía
mental del universo y su paso a través de la «bóveda superior del firmamento» al es
pacio infinito, y expone la analogía entre pensamiento y navegación. Cfr. DasAscher-
mittwochsmahly Frankfurt 1981, págs. 89-90.
915
418Das Aschermittwochsmahl, diálogo 1.
41yRalph Waldo Emerson, Circles, en ThePortableEmerson, nueva edición, Cari Bo
de y Malcolm Cowley (eds. ), Nueva York 1981, págs. 228 y 230.
420Cfr. Francis Fukuyama, «The End of History? », en The National Interest, verano
de 1989, pág. 7.
421Cfr. Gerhard Gamm, DieFluchtausderKategqrie. DiePositivierungdesUnbestimm-
tenimAnsgangderModeme,Frankfurt 1994.
422Cfr. Michael Walzer, Exodos und Revolution, Berlín 1988.
424 Ver nota 366, págs. 87-88, 91, 90. [Cfr. trad. cast. de Elena Cortés y Arturo Lei-
te, Caminos de bosque, Alianza, Madrid 1995, págs. 88-89, 91 y 90. ]
424Cfr. Henry Hobhouse, FünfPflamen verándem die Welt. Chinarinde, Zucker, Tee,
BaumwoUe, Kartoffel, Stuttgart 1987; Sidney W. Mintz, Die süsse Machí. Eine Kuliur-
geschichte des Zuckers, Frankfurt-Nueva York 1992; Alfred W. Crosby, DieFrüchte des weis-
sen Mannes. Ókologischer Imperialismos 900-1900, Frankfurt-Nueva York 1991.
425 Hans Freyer, Wellgeschichte Europas, Stuttgart, 3. * ed. , 1969, pág. 480; ese «justa
mente poder descargar» su ímpetu, o justamente poder lanzarse al ataque, de la vo
luntad es, sin embargo, y Freyer lo sabe implícitamente, la característica por anto
nomasia del obrar histórico, y está claro que había de ser prohibido desde la
perspectiva poshistórica (por primitivo, aventurero, insuficiente, no asegurable). El
«falso planteamiento» se produce, pues, porque se retroproyectan categorías de la
poshistoria (tiempo de seguros) a la historia (pre-seguros).
426Der Nomos derErde im Vólkerrecht des los Publicum Europaeum, 1950, 3. * ed. , Berlín
1988, págs. 96-109.
427Sobre el formalismo jurídico y la cuestionabilidad teórico-discursiva de los ac
tos de habla conquistadores de Colón, cfr. el análisis de Stephen Greenblatt, Wun-
derbare Besitztümer. DieErfindung des Fremden - Reisende und Entdecker, Berlín 1998, págs.
87-132. El periodista y explorador de Africa Henry Morton Stanley cerró para Leo
poldo 11 de Bélgica en pocos años al menos 400 «contratos» con jefes africanos, que
fueron interpretados primordialmente como alianzas amistosas por los partners afri
canos y por actos de sometimiento y concesiones de explotación por el lado europeo.
Un coleccionista de «contratos» similar fue Cari Peters, que con 120 «contratos» pu
so los fundamentos del Africa oriental alemana.
428 Moby Dick (ver nota 377), pág. 485.
42y «Fuiste el primero en circundarme»; es curioso que el verbo decisivo de la
globalización, circumdare, más bien signifique, en principio, rodeary darla vuelta^ es
to recuerda que, entonces, la tierra aún se representaba como algo que está «ro
deado», naturalmente por cubiertas celestes, a las que, por supuesto, no se podía ni
pensar en dar la vuelta. Después del hecho consumado, el que da la vuelta a la tie
rra aparece como el que la rodea: si se piensa hasta el final esta tendencia, el dar la
vuelta se manifiesta como el nuevo rodear; es decir, el tráfico de vuelta a la tierra
sustituirá la envoltura de cubiertas y el sujeto móvil se convertirá en lo «envolvente»
auténtico.
916
430Falta una presentación sinóptica de las ideas nacionales de elección o predes
tinación en la edad moderna europea.
431Cari Schmitt, DerNomosderErde(vernota426),págs. 103y102.
432Ibid. , pág. 103.
433Cfr. JohnGoss, Kartenkunst. DieGeschichtederKartographie,Braunschweig1994,
pág. 73.
434Ibid. , págs. 123, 124y 133. El mapa de Waldseemüller está a medio camino en
tre los nuevos mapas-corazón y los mapas-capa anteriores (en los que los contornos
de territorios y mares se proyectan a una capa litúrgica, sobre todo a la capa del em
perador) .
435Cfr. Muris-Saarmann (vernota357),págs. 76y83-84.
436 Cfr. Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbeunissten vor Freud, editados
por Ludger Lütkehaus con un ensayo suyo, Hamburgo 1995 (nueva edición de 1989
de esta miscelánea, bajo el título Dieses wahre innere Afrika). Sobre la relación de Freud
con el dark continent, págs. 2-7. La formulación «auténtica Africa interior» se retrotrae
a la novela postuma de Jean Paul Selina, 1827.
437 Sigmund Freud, El yo y el ello (1923), en Gesammelte Schriften, vol. lll, 6. a ed. ,
Frankfurt 1969, pág. 286. Que este territorio ya estuviera muy poblado importó al con
quistador Freud tan poco como a otros conquistadores de la época imperial; los mag
netizadores del siglo xix se convirtieron para él en los indios del inconsciente y los
hipnotizadores, en sus palestinos.
43KGesammelte Werke, vol. 14, pág. 241.
439Christoph Ransmayr, DieSchreckendesEisesundderFinstemis,novela, Frankfurt
1997.
440Que, mientras tanto, los conquistadores del medio ambiente han llevado a su
forma más general.
41 Sein und Zeit, pág. 105. Cfr. también Esferas 1, págs. 305-ss.
442 Maurice Merleau-Ponty, Phánomenologie der Wahmehmung, Berlín 1966, § 20,
págs. 169-ss.
443 Maurice Merleau-Ponty, Das Auge und der Geist. Philosophische Essays, Hambur
go 1984, pág. 13.
44Ibid. , pág. 19.
443Cfr. Gert Raeithel, «GoWest»:FinpsychohistorischerVersuchüberdieAmerikaner,
Frankfurt 1981.
446DerNomosderErde(ver nota 426),págs. 54-69;cf. tambiénJacques Derrida, Po-
litiquedel'amitié,París 1995[Políticasdelaamistad,Trotta, Madrid 1998];por lo demás
es Nietzsche quien ha desarrollado los primeros planteamientos de una teoría de la
descompensación moral en la exterioridad: «Más bien pregúntese uno quiénes pro
piamente “malvado”. . . Contestado con todo rigor: precisamenteel “bueno” de la otra
moral, precisamente el noble, el poderoso, el dominador, sólo que ha cambiado de
color, interpretado yvisto del revés por el ojo venenoso del resentimiento. . . , aquellos
mismos hombres que eran mantenidos tan rigurosamente a raya por la costumbre,
917
el respeto, los usos, el agradecimiento y todavía más por la recíproca vigilancia, por
la emulación ínter pares, aquellos mismos hombres que, por otro lado, en su com
portamiento recíproco mostraban tanta inventiva en punto a atenciones, dominio de
sí, delicadeza, fidelidad, orgullo y amistad, no son hacia fuera, es decir, allí donde co
mienza lo extranjero, la tierra extraña, mucho mejores que animales de rapiña deja
dos sueltos. Allí disfrutan la libertad de toda constricción social, en la selva se des
quitan de la tensión ocasionada por una prolongada reclusión y encierro en la paz de
lacomunidad. . . » (ZurGenealogiederMoral,tratadoprimero11,KSA5,pág274[Lagenea
logía de la moral, trad. de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid 1975, págs. 46-47]).
447 Hermán Melville, Moby Dick (ver nota 377), pág. 8.
4KIbid. , pág. 252 («a colorless all-color of atheism from which we shrink»).
4í*Ibid. , pág. 252.
4V*Cfr. Vilém Flusser, Vom Subjekt zum Projekt, en Schriften, vol. 3, Bensheim y Düs-
seldorf 1994.
4,1Moby Dick (ver nota 377), pág. 484 («But often possession is the whole of the
law»).
4MCfr. supra, capítulo 3: «Arcas, murallas de ciudad, fronteras del mundo, siste
mas de inmunidad. Para una ontología del espacio cercado*, págs. 219-230.
451También esto lo plasmó Melville en Moby Dick En la capilla de los balleneros,
en Bedford, antes de zarpar a Nantucket, el narrador se percata de una serie de lá
pidas de mármol, enmarcadas en negro, que recuerdan a marinos muertos fuera:
«¡Qué vacío mortal y qué perplejidad gratuita [miran] desde esas líneas, que corroen
toda creencia y parecen negar la resurrección de aquellos que se han ido a pique en
cualquier parte sin sepulcro! » (pág. 66).
4,4 Horst Gründer, Welteroberung und Christentum. Ein Handbuch zur Geschichte der
Neuzeit, Gütersloh 1992, pág. 87.
4MUn símbolo litúrgico de esta autoexaltación planetaria es la tiara, que si es ver
dad que ya en el siglo xiv había adoptado su forma como hipercorona de tres pisos,
en el siglo xvi, sin embargo, fue adaptada a la situación globalizada mediante el aña
dido de una esfera en la cúspide de la corona (ver supra las págs. 683-ss. ).
45fi Es verdad que los príncipes de Gales han visitado la India, pero, por lo que sa
bemos, siempre antes de su coronación como soberanos.
457Cfr. Georg Forster, Entdeckungsreise (ver nota 379), pág. 419.
4%*Sobre el mundo de las lenguas criollas, cfr. Jochen Stórig, AbenteuerSprache. Ein
Streijzug durch die Sprachen der Erde, Munich 1992, págs. 345-ss. ; para el número de len
guas, cfr. David Crystal, Die Cambridge Enzyklopádie der Sprache, Frankfurt-Nueva York
1995, pág. 248.
Cfr. Peter Sloterdijk, «Tiempo nuevo - tiempo de hechos - tiempo de arte»,
en Heinrich Klotz (ed. ), Die Zweite Modeme, Munich 1996, págs. 52-56. En este con
texto resulta interesante la propuesta de Martin Albrow de considerar el período en
tre 1492 y 1945 (con ocasión de la Conferencia sobre el Clima de Río de Janeiro) co
mo sinónimo de «Modernidad» o de la «Era de la globalización», y excluir de ella la
918
Global Age de la incipiente forma de mundo posnacional, para la cual la fase heroica
de la globalización sólo creó los presupuestos. Si se entiende la globalidad en ese sen
tido, como resultado y hecho consumado de la globalización, salta a la vista, de he
cho, en esa «Era global» en la que hemos entrado, su estructura «poshistórica»: es
decir, un traslado de peso de la historia a las noticias y de la orientación a pasados
regionales a una orientación a futuros suprarregionales. Y por ello, el lema coqueto
de Albrow, ¡Olvidad la Modernidad! , resulta inaceptable, pero comprensible. Cfr.
Martin Albrow, Abschied vom Nationalstaat.
regalados, empeñados, vendidos», en Nachrichten der Akademie der Wissenschaften in
Gottingen, l: Phil. -Hist. Kl. 1957, n. a 5.
354Cfr. Helmut Pape, Die Unsichtbarkeit der Welt, Frankfurt 1997.
335Karl Rosenkranz, Ásthetik des Hásslichen, Leipzig 1990, pág. 20.
336Alexander von Humboldt, Kosmos, adaptado por Hanno Beck, Stuttgart 1978,
págs. 48 y 52.
909
557Más detalles sobre los grandes nombres de la época fundacional de la globo-
grafía se encuentran en Oswald Muris, Gert Saarmann, Der Globos im Wandel der Zei-
ten. Eine Geschichte der Globen, Berlín y Beutelsbach bei Stuttgart 1961, págs. 47-132.
358Cfr. Michel Foucault, El pensamiento del afuera (ver nota 278).
359Cfr. Crítica deljuicio, § 26: «De la valoración de las magnitudes de las cosas na
turales, necesaria para la idea de lo sublime»; y § 28: «De la naturaleza como un po
der». Según Kant, el fundamento de lo sublime no está tanto en la presencia de una
magnitud desmesurada o de una fuerza avasalladora cuanto en el regreso del sujeto
a sí mismo, como un ser que conserva su dignidad también frente a lo despropor
cionado, en tanto insiste en ser un ser racional.
360En esto Humboldt va mucho más allá que su colega y rival Charles Darwin, que
sólo había traído de su viaje alrededor del mundo (1831-1836), a bordo del Beagle (ale
mán: Tubinga 1981), pocos «cuadros» manifiestamente sublimes, entre otros éste:
«Entre las imágenes que se han imprimido profundamente en mi memoria ninguna
supera en grandiosidad los bosques no tocados todavía por la mano del ser humano,
sean los de Brasil, donde predomina la fuerza de la vida, o los de la Tierra del Fuego,
donde impera la muerte y la disolución. Ambos son templos repletos de los magnífi
cos productos del Dios de la naturaleza: nadie puede estar en esas soledades sin sen
tir que en el ser humano existe algo más que el mero aliento de su cuerpo» (pág. 372).
También sabe Darwin que un explorador de la tierra ya no se las arregla con una
estética de lo bello; según el espíritu del tiempo, tiene que ser completada por una
de lo (cuantitativa y dinámicamente) sublime: «Entre los escenarios de la naturaleza,
por fin, las vistas desde grandes montes, aunque en cierto sentido no sean bellas, sí
son muy singulares. Cuando se mira hacia abajo desde la última cima de la cordille
ra, el espíritu siente la impresión de las asombrosas dimensiones de las masas cir
cundantes, sin ser estorbado por detalles minuciosos» (ibid. ).
361Walter Benjamín, «París, capital del siglo xix», en Iüuminationen, escritos escogi
dos, Frankfurt 1977, pág. 177 [Iluminaciones, Taurus, Madrid 1993].
362Nueva York 1973.
363Cfr. para esto las clarificaciones fenomenológicas de Hermann Schmitz en su
System der Philosophie, vol. III, Der Raum, parte primera, «Der leibliche Raum», 2. a ed. , Bonn 1988, § 119, «Der Richtungsraum» (así como §§ 219-231) y § 120, «Der Orts- raum» (así como §§ 132-135).
364Rilke, a quien se debe la expresión Weltinnenraum (espacio interior de mun
do), intentó superar la experiencia fundamental de la Modernidad -que cosas y se
res humanos con un modo de pensar puramente referido al lugar espacial mueren
por privación de atmósfera- queriendo revitalizar el mundo, por su propia fuerza vi-
vencial, con una especie de animismo poético; el resultado de esto ya no podía ser
ningún alma del mundo de tipo platónico, sino sólo una especie de intensidad cos-
mológico-individual, correspondiente al modo del «habitar poéticamente» contem
poráneo.
363De todos modos, el éxito del globo tridimensional ya había sido relativizado
910
por las representaciones planisféricas de la tierra, omnipresentes a partir de los últi
mos años del siglo xvi, que se fueron imponiendo por la ventaja de poder ser repro
ducidas en atlas-libros.
366Cfr. Martin Heidegger, «La época de la imagen del mundo» (1938), en Hoh-
wege, 6. 1ed. 1980, pág. 92.
367Que mercancía y dinero son condiciones del capital es algo trivial; que textos,
imágenes y prominencias también lo son es algo que van entendiendo progresiva
mente los agentes del moderno sector de la cultura, frente a las tradicionales reser
vas conservadoras en lo que atañe al campo del espíritu. Cómo se aplica esto a tex
tos e imágenes puede deducirse de las consideraciones, entre otras, de Georg Franck,
Okonomie der Aufmerksamkeit, Ein Entwuif, Munich-Viena 1998. Sobre la economía po
lítica de la prominencia es esclarecedor Thomas Macho, «De la elite a la prominen
cia. Sobre el cambio de estructura del poder polídco», en Merkur, cuaderno 534-535,
1993, págs. 762-769, así como «El rostro prominente. Apuntes sobre la politización de
la apariencia», en Sabine R. Amold, Christian Fuhrmeister y Dietmar Schiller (eds. ),
Potitische Inszenierungen im 20. Jahrhundert. Zur Sinnlichkeit der Machí, Viena 1998, págs.
171-184.
368Cfr. Elly Decker, «El globo celeste: un mundo para sí», en Focus Behaim Globos,
parte 1, Nuremberg 1992, págs. 89-100.
369Una excepción importante es el poema de Heinrich Brockes «El firmamento»
(en Irdisches Vergnügen in Gott, bestehend in Physicalisch - und moralischen Gedichten, pri
mera parte, Hamburgo 1723), que puede leerse como una réplica al dictum de Pascal
sobre el eterno silencio de los espacios infinitos. Es cierto que el poema de Brockes
lleva un título impropio, dado que para el poeta ya no existe firmamento alguno que
pudiera proporcionar estabilidad cósmica, sino sólo una sujeción inespacial del alma
en Dios: «. . . El espacio del abismo, como hace un gran oleaje/ del mar sin fondo so
bre un hierro que se hunde,/ rompió en un instante sobre mi espíritu. / La inmen
sa fosa llena de luz invisible,/ llena de oscuridad clara, sin comienzo, sin barreras,/
se tragó inmediatamente el mundo, sepultó incluso los pensamientos;/ todo mi ser
era polvo, un punto, una nada,/ y me perdí a mí mismo. Esto me hundió de repen
te;/ la desesperación amenazaba a un pecho completamente perturbado:/ ¡Solo, oh
nada salvadora! , ¡bienaventurada pérdida! / Dios omnipresente, en ti me volví a en
contrar».
Estos versos muestran claramente tres cosas. Primera: el poeta ya no entiende el
originario sentido cosmográfico de la palabra «firmamento»; segunda: en analogía
con el océano, se imagina el cielo como algo en lo que uno puede hundirse; terce
ra: del naufragio de la imaginación en lo sin fondo sólo salva ya un Dios, que posee
una «tendencia esencial a la cercanía».
La idea de firmamento crea una sobrevida no sólo en la lírica, sino también en
el delirio. Daniel Paul Schreber anota en el capítulo 6 de sus Memorias de un neurópa
ta que algunas de las almas de los muertos que le visitan dan como dirección de pro
cedencia el «firmamento».
911
370 Eugcn Rosenstock-Huessy, Die europáischen Revolutionen und der Charakter der
Nationen, Moers 1987, pág. 264.
371Cfr. nota 363, pág. 441.
372Cfr. Armand Mattelart, Vinventiondelacommunication, París 1994,págs. 68-ss.
373Julio Verne, Reise um dieErde in achtzig Tagen, Zurich 1974, págs. 23-24.
374Hermann GrafKeyserling, ReisetagebucheinesPhilosophen(1918),Frankfurt 1980.
373Antonio Pigafetta, DieersteReiseumdieErde. EinAugenzeugenberichtvonderWel-
tumsegelungMagellans 1519-1522, editado y traducido por Robert Grün, Tubinga-Basi-
lea 1978, pág. 93.
378 Edward W. Said, Kultur und Imperialismus. Einbildungskraft und Politik im Zeital-
ter der Machí, Frankfurt 1994, pág. 18 [Cultura e imperialismo, Anagrama, Barcelona
1996]. La irónica formulación de Said refleja el cinismo del sistema de deportación
británico, en el que sirvieron como puntos de destino de una sistemática exportación
de malhechores, primero el Caribe, luego Nueva Inglaterra y finalmente Australia.
377Hermán Melville, Moby Dick oderDer Wal, Munich 1964, pág. 364.
378MobyDick, cap. 24, infine. Que a través de estos seabomestudiesse refuerce un
empirismo náutico frente a la escolástica universitaria pertenece a los hechos capita
les de la teoría cultural moderna (hasta que las universidades absorben ese ánimo ex
perimental y oponen un empirismo sedentario al móvil). Uno de aquellos que ha
bían hecho profesión de fe en el viajar-uno-mismo y ver-uno-mismo fue Fernández
de Oviedo, que en su HistoriageneralynaturaldelasIndiasno se cansó de repetir: «Lo
que digo aquí no se aprende en Salamanca, Bolonia o París. . . ». Citado por John H.
Elliot, DieNeueinderAltenWelt. FolgeneinerEroberung1492-1650,Berlín 1992,pág. 44.
379Pigafetta, Die erste Reise (ver nota 375), pág. 265. A propósito, hasta el siglo xvm
tardío los cuadernos de bitácora de las expediciones de descubrimiento quedan co
mo asunto secreto de los Estados navegantes; cfr. las observaciones de Georg Forster
con ocasión de la segunda expedición del Captain Cook Entdeckungsreise nach Thaiti
und in die Südsee 1772-1775, reeditado por Hermann Homann, Tubinga-Basilea 1979,
pág. 395.
380Cfr. para ello Immanuel Wallerstein, Das modeme Weltsystem. KapitalistischeLand-
lüirtschaftunddieEntstehungdereuropáischenWeltwirtschaftim16. Jahrhundert,Frankfurt
1986;id. ,DasmodemeWeltsystem//,Europazwischen1600und1750,Viena 1998.
381Oswald Spengler declaró esta frase como axioma de las épocas civilizatorias.
Cfr. DerUntergangdesAbendlandes,Munich 1923,1979,pág. 51:«Laexpansión esuna
fatalidad, algo demoníaco y monstruoso, que atrapa. . . yconsume. . . al ser humano del
estadio avanzado del mundo».
382La caracterización de los empresarios como «productores-deudores» se la de
bemos a Gunnar Heinsohn y Otto Steiger, que han presentado un modelo sugestivo
para el esclarecimiento de la dinámica innovadora de la economía moderna como
economía de propiedad, con su libro Eigentum, Zins und Geld. Ungeloste Ratsel der Wirt-
schaftstheorie, Reinbeck (Hamburgo) 1996.
383De remediis utriusquefortunae.
912
384Citado por Alfred Doren, «Fortuna en la Edad Media y en el Renacimiento»,
en Voríráge der Bibliothek Warburg, vol. 2, parte 1, 1922-1923, pág. 82, latín pág. 79.
385Algunos de ellos pone de relieve el sugestivo libro de Klaus Reichert Fortuna
oder die Bestándigkeit des Wechsels, Frankfurt 1985.
386Al contrario, el siglo xvm tardío descubre también al ser humano que tiene
mala suerte en sentido absoluto, o, como dirá Malthus, al pobre que «nace en un
mundo ya ocupado» y cuyos padres no están en condiciones de sustentarlo. Según
Malthus, tales hijos de la desgracia están «verdaderamente de sobra en la tierra. No
se ha puesto cubierto alguno para ellos en el gran festín de la naturaleza». Citado se
gún Armand Mattelart, L'invention de la communication, cit. , pág. 79.
387AsíhablóZaratustrain, «Antes de la salida del sol».
388Cfr. Jochen Hórisch, KopfoderZahl. DiePoesiedesGeldes,Frankfurt 1996.
389Daniel Defoe, Essay on Projects, 1697.
390Para la tipología de los príncipes-empresarios, cfr. Wemer Sombart, Der Bour-
geois. Zur Geistesgeschichte des modemen Wirtschaftsmenschen, Munich-Leipzig 1923, reedi
ción Berlín 1987, págs. 102-ss.
391Se obtiene una impresión especialmente clara del profundo cambio de ánimo
al respecto si se comparan los tonos triunfales que dominaron las celebraciones del
400 aniversario del viaje de Colón, en 1892, con la atmósfera flagelante del 500 ani
versario, en 1992.
391Cfr. BibliothecaMissionum,vol. 1, 1916. Colón sobre sí mismo: «El Señor me ha
convertido en embajador de un nuevo cielo y de una nueva tierra. . . Se ha cumplido. . .
lo que había profetizado Isaías».
393Cfr. Lydal Roper, «Masculinidad amenazada. Capitalismo y magia en la edad
moderna temprana», en
Odipus und der Teufel. Kórper und Psyche in derfrühen Neuzeit,
Frankfurt 1995, págs. 127-133. Ese mismo artículo ilustra el problema de la técnica de
transmisión en esas telecomunicaciones tempranas: según manifestaciones de Anna
Mergeler, en la bola de Antón Fugger habrían estado encerradas almas de malhe
chores condenados a errar por los aires: ¿podría haber informadores más rápidos
(aunque también menos fiables)? ; cfr. Roper, págs. 134-s.
394Para el estado actual del presupuesto consultivo de Hóhler, cfr. su libro Herzsch-
lagderSieger. DieEQRevolution, Düsseldorf-Munich 1997. Obsérvese el doble sentido
fascinante de Herzschlag[latido del corazón e infarto]. Sobre el Herzschlagde los per
dedores reflexiona, más bien en el tono de una contraconsulta depresiva, Richard
Sennett en su libro DerflexibleAtenseh. DieKulturdes neuenKapitalismus, Berlín 1998.
395Cfr. Félix
Alfred
Plattner, Jesuiten zur See. Der Wegnach Asien. Ein Beitragzur Ges-
chichte der Entdeckung, Zurich 1946.
396Un documento actual, y chocante para los tradicionalistas, de esa entrega de
las universidades en manos del sistema capitalista de la cognición es el discurso que
el presidente alemán, Román Herzog, pronunció en Berlín en 1998sobre la necesi
dad de reforma de las universidades alemanas.
397Hermán Melville, MobyDickoderDerWal,Munich 1964,pág. 25.
913
198La conocida caracterización de Bloch de las utopías geográficas de la edad mo
derna como formas expresivas de una «búsqueda horizontal de tesoros*» (Das Prinzip
Hoffnung, Frankfurt 1959, vol. u, págs. 883-s. [Elprincipio esperanza, 2 vols. , Aguilar, Ma
drid 1979]) no oculta una cierta parcialidad en favor del modelo citado. Efectiva
mente, el socialismo-de-buscadores-de-tesoros supuso que la naturaleza siempre es
gratis. En ese sentido se manifiesta en Bloch un rasgo sólidamente saint-simonista,
que se traduce en la convicción de que la «explotación del ser humano por el ser hu
mano» ha de ser sustituida por la explotación del globo por el ser humano.
** Cfr. Pigafetta, Die ersle Reise (ver nota 375), págs. 84-86.
4“uCfr. Klaus Heinrich, fhss der Medusa. 3 Studien zur Faszinationsgeschichte mit meh-
reren Beilagen und einem Anhang, Basilea-Frankfurt 1995, págs. 9-45.
401 Para el motivo stop history/, cfr. Eric Voegelin, Order and History, vol. 4, The Ecu-
menic Age, Baton Rouge-Londres 1974, págs. 329-333.
Cuyo culto fue establecido en Roma tras el regreso de Augusto de su expedi
ción a Oriente el año 19 a. C.
404También Marx consideró el «retomo del punto de partida a sí mismo» como
característica del movimiento incipiente de capital. «Considerada a primera vista, la
circulación aparece como un perversoprocesoinfinito. La mercancía se cambia por di
nero; el dinero se cambia por mercancía y esto se repite hasta el infinito», Grundris-
se der Kritik der politischen Ókonomie, borrador 1857-1858, Frankfurt-Viena, sin fecha,
pág. 111. Pero lo que le importa a Marx es mostrar dos cosas: primera, que en la me
tamorfosis dinero-mercancía-dinero puede aparecer el fenómeno, en principio miste
rioso, de la plusvalía, que da alas al proceso del capital; segunda, que en la competen
cia de los capitales tienen que aparecer crisis en su explotación y, en consecuencia,
crisis sociales, que se crucen en el camino del permanente retomo feliz del dinero,
como capital, a sí mismo.
4,4ElmercaderdeVenecia,acto primero, primera escena: «Mis empresas no están
confiadas a una sola bodega, ni a un lugar; ni mi fortuna entera depende de la suer
te de este año; por eso no es mi mercancía lo que me pone triste».
405Cfr. Peter L. B em stein, Against the Gods. TheRemarkableStory ofRisk, Nueva York
1996; Frangois Ewald, Der Vorsorgestaat, Frankfurt 1993, sección II, «Del riesgo», págs. 171-275.
** Desde el punto de vista sociológico, la filosofía británica del commonsensere
fleja la circunstancia de que en Inglaterra se cerró antes, y en formas más sólidas, que
en los Estados territoriales continentales el compromiso histórico entre comercio
(burgués) y propiedad (aristocrática). Esto favoreció un clima en el que pudieron
florecer filosofías de la sociedad no-trágicas y convivíales, mientras que en el conti
nente, sobre todo en los principados alemanes, prevalecieron filosofías del Estado
trágicas y autoritarias.
44,7Una readaptación de Daniel 12, 4. Hay, por cierto, gran cantidad de historias soñolientas de la filosofía en las que los barcos de la portada de Bacon se represen tan saliendo del puerto.
914
408Historia ventorum, 1622; como apertura de su Historia naturalis et experimentalis
adcondendamphilosophiam,que apareciócomotercerapartedesu Instauratio.
409Edmund Husserl, Erfahrungund Urteil. UntersuchungenzurGenealogiederLogik,
Hamburgo 1972, pág. 24.
4. 0 «Diario de mi viaje en el año 1769», en Schriften. Eine Auswahl aus dem Gesamt-
werk, Munich 1960, págs. 27-28.
4. 1 «Sobre el fundamento de la distinción de todos los objetos en general en fe
nómenos y noúmenos», inicio.
4. 2Italienische Reise, Frankfurt 1976, pág. 302.
4,5El parágrafo es famoso no en último término porque Cari Schmitt se remite a él
para fundamentar sus doctrinas geopolíticas: así como, según la interpretación de Sch
mitt, el marxismo sólo habría sido un desarrollo histórico-universal de los parágrafos
precedentes, 243-246,de la Filosofíadelderechohegeliana, así el schmittismo tendría que
llevar a cabo el correspondiente desarrollo del parágrafo 247. La razón de que esto se
quedara en una pretensión vacía estuvo tanto en la insuficiencia de las contribuciones
de Hegel a la oceanología política como en la circunstancia de que al teorema funda
mental geopolitológico de Schmitt, el dogma del papel -constitutivo de poder- del do
minio sobre tierra, mar, aire y fuego, por su limitación en la teoría de los elementos, le
faltó la dimensión decisiva de una teoría moderna del poder, la teórico-mediátíca.
4. 4 «El romano vence estando sentado. » Principio fundamental de la era agro-
metafísicoimpenal: de una época en la que ordenanzas, administración, explotación
de recursos tenían preeminencia sobre flujos, circulaciones, inversiones. Hay que
admitir que los Estados territoriales del siglo xvn y xvih, cuando pretendieron mo
dernizarse, tuvieron que habérselas sobre todo con problemas internos; la creación
de «infraestructuras» y mercados interiores de comunicación de mercancías y noti
cias (canales, carreteras, puentes, catastros, editoriales, correo, telecomunicación, es
tándares para masas y pesos, ortografía, gramática, escuelas, bancos,juzgados, siste
ma monetario, impuestos, estadística) absorbía una gran parte de las energías
estatales e hizo que quedara en segunda fila la cuestión de las conexiones exteriores
con el mundo. Esto se refleja en prácticamente todos los discursos filosóficos, que
quedaron presos en un horizonte terrestre, «fisiocrático», orientado a bienes in
muebles y, en último término, agrosófico.
4. 5«Ser libre significa calcular cualquier movimiento del competidor a la vez que
uno mismo resulta completamente inaccesible a una calculabilidad así», Terry Ea-
gleton, Ásthetik. Die Geschichte ihrer Ideologie, Stuttgart-Weimar 1994, pág. 77.
416Cfr. Comel West, TheAmerican Evasión ofPhilosophy. A Genealogy ofPragmatismo
Wisconsin 1989.
4,7 Cfr. Bruno, Zwiegespráche vom unendlichen AU und den Weltenf Darmstadt 1983,
págs. 23y 22. Bruno celebra como una liberación de límites euforizante su travesía
mental del universo y su paso a través de la «bóveda superior del firmamento» al es
pacio infinito, y expone la analogía entre pensamiento y navegación. Cfr. DasAscher-
mittwochsmahly Frankfurt 1981, págs. 89-90.
915
418Das Aschermittwochsmahl, diálogo 1.
41yRalph Waldo Emerson, Circles, en ThePortableEmerson, nueva edición, Cari Bo
de y Malcolm Cowley (eds. ), Nueva York 1981, págs. 228 y 230.
420Cfr. Francis Fukuyama, «The End of History? », en The National Interest, verano
de 1989, pág. 7.
421Cfr. Gerhard Gamm, DieFluchtausderKategqrie. DiePositivierungdesUnbestimm-
tenimAnsgangderModeme,Frankfurt 1994.
422Cfr. Michael Walzer, Exodos und Revolution, Berlín 1988.
424 Ver nota 366, págs. 87-88, 91, 90. [Cfr. trad. cast. de Elena Cortés y Arturo Lei-
te, Caminos de bosque, Alianza, Madrid 1995, págs. 88-89, 91 y 90. ]
424Cfr. Henry Hobhouse, FünfPflamen verándem die Welt. Chinarinde, Zucker, Tee,
BaumwoUe, Kartoffel, Stuttgart 1987; Sidney W. Mintz, Die süsse Machí. Eine Kuliur-
geschichte des Zuckers, Frankfurt-Nueva York 1992; Alfred W. Crosby, DieFrüchte des weis-
sen Mannes. Ókologischer Imperialismos 900-1900, Frankfurt-Nueva York 1991.
425 Hans Freyer, Wellgeschichte Europas, Stuttgart, 3. * ed. , 1969, pág. 480; ese «justa
mente poder descargar» su ímpetu, o justamente poder lanzarse al ataque, de la vo
luntad es, sin embargo, y Freyer lo sabe implícitamente, la característica por anto
nomasia del obrar histórico, y está claro que había de ser prohibido desde la
perspectiva poshistórica (por primitivo, aventurero, insuficiente, no asegurable). El
«falso planteamiento» se produce, pues, porque se retroproyectan categorías de la
poshistoria (tiempo de seguros) a la historia (pre-seguros).
426Der Nomos derErde im Vólkerrecht des los Publicum Europaeum, 1950, 3. * ed. , Berlín
1988, págs. 96-109.
427Sobre el formalismo jurídico y la cuestionabilidad teórico-discursiva de los ac
tos de habla conquistadores de Colón, cfr. el análisis de Stephen Greenblatt, Wun-
derbare Besitztümer. DieErfindung des Fremden - Reisende und Entdecker, Berlín 1998, págs.
87-132. El periodista y explorador de Africa Henry Morton Stanley cerró para Leo
poldo 11 de Bélgica en pocos años al menos 400 «contratos» con jefes africanos, que
fueron interpretados primordialmente como alianzas amistosas por los partners afri
canos y por actos de sometimiento y concesiones de explotación por el lado europeo.
Un coleccionista de «contratos» similar fue Cari Peters, que con 120 «contratos» pu
so los fundamentos del Africa oriental alemana.
428 Moby Dick (ver nota 377), pág. 485.
42y «Fuiste el primero en circundarme»; es curioso que el verbo decisivo de la
globalización, circumdare, más bien signifique, en principio, rodeary darla vuelta^ es
to recuerda que, entonces, la tierra aún se representaba como algo que está «ro
deado», naturalmente por cubiertas celestes, a las que, por supuesto, no se podía ni
pensar en dar la vuelta. Después del hecho consumado, el que da la vuelta a la tie
rra aparece como el que la rodea: si se piensa hasta el final esta tendencia, el dar la
vuelta se manifiesta como el nuevo rodear; es decir, el tráfico de vuelta a la tierra
sustituirá la envoltura de cubiertas y el sujeto móvil se convertirá en lo «envolvente»
auténtico.
916
430Falta una presentación sinóptica de las ideas nacionales de elección o predes
tinación en la edad moderna europea.
431Cari Schmitt, DerNomosderErde(vernota426),págs. 103y102.
432Ibid. , pág. 103.
433Cfr. JohnGoss, Kartenkunst. DieGeschichtederKartographie,Braunschweig1994,
pág. 73.
434Ibid. , págs. 123, 124y 133. El mapa de Waldseemüller está a medio camino en
tre los nuevos mapas-corazón y los mapas-capa anteriores (en los que los contornos
de territorios y mares se proyectan a una capa litúrgica, sobre todo a la capa del em
perador) .
435Cfr. Muris-Saarmann (vernota357),págs. 76y83-84.
436 Cfr. Tiefenphilosophie. Texte zur Entdeckung des Unbeunissten vor Freud, editados
por Ludger Lütkehaus con un ensayo suyo, Hamburgo 1995 (nueva edición de 1989
de esta miscelánea, bajo el título Dieses wahre innere Afrika). Sobre la relación de Freud
con el dark continent, págs. 2-7. La formulación «auténtica Africa interior» se retrotrae
a la novela postuma de Jean Paul Selina, 1827.
437 Sigmund Freud, El yo y el ello (1923), en Gesammelte Schriften, vol. lll, 6. a ed. ,
Frankfurt 1969, pág. 286. Que este territorio ya estuviera muy poblado importó al con
quistador Freud tan poco como a otros conquistadores de la época imperial; los mag
netizadores del siglo xix se convirtieron para él en los indios del inconsciente y los
hipnotizadores, en sus palestinos.
43KGesammelte Werke, vol. 14, pág. 241.
439Christoph Ransmayr, DieSchreckendesEisesundderFinstemis,novela, Frankfurt
1997.
440Que, mientras tanto, los conquistadores del medio ambiente han llevado a su
forma más general.
41 Sein und Zeit, pág. 105. Cfr. también Esferas 1, págs. 305-ss.
442 Maurice Merleau-Ponty, Phánomenologie der Wahmehmung, Berlín 1966, § 20,
págs. 169-ss.
443 Maurice Merleau-Ponty, Das Auge und der Geist. Philosophische Essays, Hambur
go 1984, pág. 13.
44Ibid. , pág. 19.
443Cfr. Gert Raeithel, «GoWest»:FinpsychohistorischerVersuchüberdieAmerikaner,
Frankfurt 1981.
446DerNomosderErde(ver nota 426),págs. 54-69;cf. tambiénJacques Derrida, Po-
litiquedel'amitié,París 1995[Políticasdelaamistad,Trotta, Madrid 1998];por lo demás
es Nietzsche quien ha desarrollado los primeros planteamientos de una teoría de la
descompensación moral en la exterioridad: «Más bien pregúntese uno quiénes pro
piamente “malvado”. . . Contestado con todo rigor: precisamenteel “bueno” de la otra
moral, precisamente el noble, el poderoso, el dominador, sólo que ha cambiado de
color, interpretado yvisto del revés por el ojo venenoso del resentimiento. . . , aquellos
mismos hombres que eran mantenidos tan rigurosamente a raya por la costumbre,
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el respeto, los usos, el agradecimiento y todavía más por la recíproca vigilancia, por
la emulación ínter pares, aquellos mismos hombres que, por otro lado, en su com
portamiento recíproco mostraban tanta inventiva en punto a atenciones, dominio de
sí, delicadeza, fidelidad, orgullo y amistad, no son hacia fuera, es decir, allí donde co
mienza lo extranjero, la tierra extraña, mucho mejores que animales de rapiña deja
dos sueltos. Allí disfrutan la libertad de toda constricción social, en la selva se des
quitan de la tensión ocasionada por una prolongada reclusión y encierro en la paz de
lacomunidad. . . » (ZurGenealogiederMoral,tratadoprimero11,KSA5,pág274[Lagenea
logía de la moral, trad. de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid 1975, págs. 46-47]).
447 Hermán Melville, Moby Dick (ver nota 377), pág. 8.
4KIbid. , pág. 252 («a colorless all-color of atheism from which we shrink»).
4í*Ibid. , pág. 252.
4V*Cfr. Vilém Flusser, Vom Subjekt zum Projekt, en Schriften, vol. 3, Bensheim y Düs-
seldorf 1994.
4,1Moby Dick (ver nota 377), pág. 484 («But often possession is the whole of the
law»).
4MCfr. supra, capítulo 3: «Arcas, murallas de ciudad, fronteras del mundo, siste
mas de inmunidad. Para una ontología del espacio cercado*, págs. 219-230.
451También esto lo plasmó Melville en Moby Dick En la capilla de los balleneros,
en Bedford, antes de zarpar a Nantucket, el narrador se percata de una serie de lá
pidas de mármol, enmarcadas en negro, que recuerdan a marinos muertos fuera:
«¡Qué vacío mortal y qué perplejidad gratuita [miran] desde esas líneas, que corroen
toda creencia y parecen negar la resurrección de aquellos que se han ido a pique en
cualquier parte sin sepulcro! » (pág. 66).
4,4 Horst Gründer, Welteroberung und Christentum. Ein Handbuch zur Geschichte der
Neuzeit, Gütersloh 1992, pág. 87.
4MUn símbolo litúrgico de esta autoexaltación planetaria es la tiara, que si es ver
dad que ya en el siglo xiv había adoptado su forma como hipercorona de tres pisos,
en el siglo xvi, sin embargo, fue adaptada a la situación globalizada mediante el aña
dido de una esfera en la cúspide de la corona (ver supra las págs. 683-ss. ).
45fi Es verdad que los príncipes de Gales han visitado la India, pero, por lo que sa
bemos, siempre antes de su coronación como soberanos.
457Cfr. Georg Forster, Entdeckungsreise (ver nota 379), pág. 419.
4%*Sobre el mundo de las lenguas criollas, cfr. Jochen Stórig, AbenteuerSprache. Ein
Streijzug durch die Sprachen der Erde, Munich 1992, págs. 345-ss. ; para el número de len
guas, cfr. David Crystal, Die Cambridge Enzyklopádie der Sprache, Frankfurt-Nueva York
1995, pág. 248.
Cfr. Peter Sloterdijk, «Tiempo nuevo - tiempo de hechos - tiempo de arte»,
en Heinrich Klotz (ed. ), Die Zweite Modeme, Munich 1996, págs. 52-56. En este con
texto resulta interesante la propuesta de Martin Albrow de considerar el período en
tre 1492 y 1945 (con ocasión de la Conferencia sobre el Clima de Río de Janeiro) co
mo sinónimo de «Modernidad» o de la «Era de la globalización», y excluir de ella la
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Global Age de la incipiente forma de mundo posnacional, para la cual la fase heroica
de la globalización sólo creó los presupuestos. Si se entiende la globalidad en ese sen
tido, como resultado y hecho consumado de la globalización, salta a la vista, de he
cho, en esa «Era global» en la que hemos entrado, su estructura «poshistórica»: es
decir, un traslado de peso de la historia a las noticias y de la orientación a pasados
regionales a una orientación a futuros suprarregionales. Y por ello, el lema coqueto
de Albrow, ¡Olvidad la Modernidad! , resulta inaceptable, pero comprensible. Cfr.
Martin Albrow, Abschied vom Nationalstaat.