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Cuando los socios del contrato se vuelvan a empeñar un día en aparecer           tos en asambleas presenciales, se acabó la idea absolutista de delegación racional: el nuevo soberano, el pueblo de los Estados nacionales, a pesar de todos los esfuerzos por una idea democrática de representación, se en­ tregará desde 1789 una vez y otra al sueño dfe la asamblea con presencia real de los asociados en grandes empresas comunes; y el rastro de violen­ cia de la voluntad de reunión directa marcará lo que se llama la era de las masas.