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El           al pie de la montaña
Ante esta gruta, que ornan de arquitectura extraña
Labores y arabescos de nácar y cristal,
Permanecía inmóvil: cuando he aquí que el eco,
Hendiendo sonoroso su embovedado hueco,
Le trajo estas palabras en canto celestial:

«Ilustre y venturoso
Caudillo Nazarita,
La gloria y el reposo
Te aguardan á la par.