suelo,
que merecio , pastores , favor tanto.
que merecio , pastores , favor tanto.
Lope de Vega - Works - Los Pastores de Belen
A la segunda, dixo
Aminadab, dieron un cinto de tigre, que por
lindos que eran los tachones, passador y hevilla,
eran mas lucidas las manchas. A la tercera un
vaso de unicornio precioso, aunque pequen? o, cu-
yo pie era una mano, que le tenia assido. A la
quarta dieron un carcax de flechas, las plumas
de colores, los quadrillos de acero, el cuero de
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? . Libro primero. 103
becerro argentado de plata, y una cinta de seda
de tres colores , para llevarle al hombro. Advir-
tio? a este tiempo Palmyra al divertido mozo, de
que se dormia el cansado viejo , y despidiendose
de entrambos, dio? lugar al ageno suen? o, no le
hallando para su cuidado en la distancia de la
noche, con ser de las mayores del an? o: porque
amor en ios principios todo es desvelos , en los
medios zelos, y en los fines desengan? os. Estando
pues en esta confusion el pastor, salio? dos o tres
veces a ver nacer el Alva, con el conocimiento
que tenia de la estrella que la aposenta , mos-
trandose por la raya del horizonte, primero que
sus rayos le clarifiquen, una de las quales oyo?
cerca de la caban? a dos pastores, que con dos
instrumentos acordados cantaban de esta suerte:
ERGASTO, DELIO, LAURO.
Lauro.
A ti? siempre, dulcissima Mari? a,
a ti mi voz y mi instrumento cante,
esforzando su rustica harmonia.
Delio.
I A quien invocare? que me levante
de la bajeza del estilo mio,
en alabanza del divino infante?
Lauro.
? Sera? Thalia, Melpomene t o Clio
para cantar de ti ? mas son humanas,
y del furor humano me desvio.
De-
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? 104 Pastores de Belek,
Delio.
No quiero yo invocar Mu as profanas,
sino a tu madre , que es divina Musa,
thesoro de las gracias soberanas.
Lauro.
Tu luz, divino infante , no se escusa,
pues canto de la Virgen que te encierra,,
en quien toda la gracia esta? difusa.
Delio.
Ya te espera, Sen? or, la humilde tierra,
dichoso el dia , que del claustro santo
salgas a ser la paz de nuestra guerra.
Lauro.
Virgen, < que? te dira? mi humilde canto ?
dira? que eres oliva, huerto y fuente,
del cielo gloria, y del infierno espanto.
Delio.
Nin? o ^ que ahora luz indeficiente
esta? s en los crystales de Mari? a,
a la fe de las almas transparente.
. ' ' Lauro.
Virgen, jin? as clara que la luz del dia,
puerta del cielo, celestial Aurora,
de los mortales campos alegria.
: Delio.
Nin? o, que imaginado me enamora,
cifrado en la virginea esphera breve,
que te merece, y te sustenta ahora.
Lauro.
Virgen , mas pura que la blanca nieve,
que de la boca procedio? del austro,
quando en los montes la condensa , y llueve.
De
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? Libro primero. io$
Delio.
Nin? o, que en esse inta&o y virgen claustro,
te coronan mas luces , que a la estrella,
que va delante del luciente plaustro.
Lauro.
Virgen , mas que la luna casta y bella,
palma sobre los montes Idumeos,
que el sol corona, y que se viste della.
D E l i o.
Nin? o David, que a tantos Philisteos
has de cortar el cuello con su espada,
y consagrar al templo los tropheos.
Lauro.
Perdona , si mi lyra mal templada,
o "Virgen, no celebra tu hermosura,
de los divinos coros celebrada.
De lio.
Perdona, Nin? o, tu? por la blandura
y divina humildad , con que has cifrado
tu sol en essa luna blanca y pura.
Lauro.
O Virgen, como estoy enamorado,
no es mucho "que me falten las razones,
que es proprio a un grande amor hablar turbado,
DlLlO.
Infante, robador de corazones,
alla? te llevas , donde esta? s , el mio:
mira, mi dulce bien, donde le pones.
Lauro.
Mis suspiros y lagrimas te envio,
pastora de la fertil Palestina,
candida piel del celestial rocio.
Tom. XVI. O Db-
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? io6 Pastores de BilbN.
De lio.
O quie? n, quando passaba peregrina
por este prado al monte de Judea,
viera a tu madre celestial divinal
Lauro.
Purpurea Virgen, donde Dios emplea
su saber y poder, ? quie? n tan dichoso
te viera al passo de su pobre aldea!
D e l i o.
Lauro , no dudes, que de aquel frondoso
laurel las ramas y las verdes bacas
sembrara por el suelo venturoso.
Lauro.
Esta? is ahora, corderillas flacas,
no hay hierba , que los ayres del hibierno
arranca a los rediles las estacas.
D E L I O.
Yo la buscara un corderillo tierno,
que aun retozar no sabe, a quien le cria
para la madre del cordero eterno.
Lauro.
Yo blanca leche de una oveja mia,
que en la hierba olorosa la cociera,
que por buena se llama de Mari? a.
Deiio.
Yo conservados nltperos truxera
en paja y heno, que en el heno y paja
el mundo el fruto de su vientre espera.
Lauro.
Un queso tengo yo, que en mi tinaja
acejte incorruptible le comerva,
que en su humidad la sequedad ataja.
De-
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? Libro primero. 107
Dblio.
Puesta en las flechas ponzon? osa hierba,
saliera al monte yo, qu^ no muy lejos
tiene su alvergue una pintada cierva.
Lauro.
No faltara? n los timidos conejos,
o algunos tordos, mirlos y zorzales,
que vuelan por las hayas y los tejos.
Delio.
? O que? truxera yo de los servales,
que cercan esta fuente, y de aquel monte
madron? os, como cuentas de corales!
Lauro.
No merecio? tu luz nuestro horizonte,
ztlosia del sol, hermosa nin? a,
que mucho que a otro cielo se transmonte.
Delio.
Rosa de Jerico? , de Engadi vin? a,
produce ya esse balsamo precioso,
que de olor celestial los prados cin? a.
Lauro.
Danos , o palma, esse racimo hermoso,
danos, o fuente, esse crystal divino,
danos , abeja , esse panal sabroso.
Delio.
^ Que la llena de gracia, Lauro, vino
por nuestro valle? < que camine el cielo,
y que no le saliessen al camino?
Lauro,
? Que? linda inteligencia el azul velo
de su Virgen esphera moveria ,
llevando a Dios la que le traxo al suelo!
O 2 ? Que?
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? io8 Pastores de Belen.
Delio.
? Que? notable contento que daria
a su prima Isabel, y a sus pastores,
viendo el cielo portatil de Mari? a !
Lauro.
? Hai, Delio! ? que? dulcissimos amores
debieron de decirle a dulces coros,
dando a sus plantas lagrimas y flores I
Delio.
? Que? tenga aquesta tierra dos thesoros,
como Mari? a y este Nin? o santo,
y no se rompan sus terrestres poros!
Lauro.
Produzca el lirio, el nardo y el acanteo,
en vez de coloquintidas el.
suelo,
que merecio , pastores , favor tanto.
. Delio.
Discurra el tiempo el variar del cielo,
trayga los siglos, que no havra? . ninguno
de tanta dicha y de mayor consuelo.
E r g a s t o.
? Pastores , no dira? siquiera alguno
de su esposo Joseph alguna cosa
en tiempo de su loor tan oportuno?
Quando alabais de Jerico? la rosa,
? es. mucho que digais que esta doncella ?
es del casto Joseph, Virgen esposa?
Quando decis que es pura ,intacta y bella,
decid que Dios escoge un hombre puro,
que sirva de Angel para estar con ella.
Que aunque deste castillo es Dios el muro,
tiendo el casto Joseph su barbacana,
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? Libro primero. 109
de la vista mortal esta? seguro.
Si Dios tuvo en su idea soberana
para madre del Verbo esta doncella,
que le vistio de carne y sangre humana,
Tambien tuvo a Joseph, que esta? con ella
casado por acuerdo soberano,
que desde entonces pudo merecella.
Es rama de Jcsse? , de aquel anciano
tronco del arbol deste fruto inmenso,
que mas de un cetro le ocupo? la mano ?
Que haver venido a tal pobreza pienso,
porque para nacer Dios en la tierra
de aquel claustro santissimo inofenso ,
No quiso la riqueza vil que encierra
el imperio del mundo, sino casa
que la adorne un cepillo y una sierra.
Mas porque ya la obscura noche passa ' <
huyendo al mar del Alva presurosa,
que assoma el blanco pie con luz escasa;
Y de la boca celestial de rosa
vierte las perlas , que las hojas beben ,
de verse tan gentil vanagloriosa.
Quando a essos prados las ovejas lleven
los de aquestas cabanas, cantaremos
lo que a Joseph nuestros ingenios deben ?
Entonces si s grandezas pintaremos,
si puede ser, que a tantas alabanzas,
como merece y tiene, alguna demo>>
conforme a las futuras esperanzas.
No se puede encarecer el alegria que sintio? en
su alma Aminadab con el amebeo canto de los
pas-
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? no Pastores db Belbn.
pastores, oyendo alabar la pura inmaculada Vir-
gen , y el Nin? o santissimo, que habitaba sus can-
didas entran? as. Mucho encarecio? la devocion de
Delio, mucho estimaba el amor de Lauro : mas
aunque estas eran mas justas, agradecio? a Ergas-
to sumamente que celebrasse al Santo Joseph , ya
tan cerca de tener titulo de padre de aquel Sen? or
inmenso, unigenito Hijo del Eterno , que eter-
namente le engendro? igual consigo, y le comuni-
co? la essencia de su divinidad. ? O Sen? or inefable,
qual esta? la tierra deseando vuestra venida ! de-
cia el pastor enternecido : dadle este alegre dia
de vuestro nacimiento, Emanuel hermoso. Mi-
rad , Nin? o santissimo, que se deshacen estos mon-
tes , se rompen estas pen? as, estas fuentes os lla-
man , que no quiero , soberano mayoral, encarece-
ros el sentimiento de las entran? as de vuestros
pastores. ? Qua? ndo , Principe de paz , la can-
tara? n los cielos, y aparecera? en la tierra vuestro
sol ? ? Mas hai, dulce esperanza mia, que? os pre-
gunto, faltando tan pocos dias para este bien, y
teniendo ya la possession nuestra naturaleza de
vuestra majestad , puesto que admirada y absor-
ta de cosa tan estupenda! Los Angeles os bendi-
gan, los cielos, los planetas, la tierra, el mar y
los hombres , que yo , pues amanece el Al va , y
faltan tan pocas para la vuestra, quiero cantaros
el Psalmo 148. con mi grossera voz y rustico
instrumento:
Ala-
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? Libro primero.
Alabad a vuestro Dios,
altas virtudes excelsas,
que en los cielos habitais
sobre la decima esphera.
Alabadle todos juntos,
Angeles, milicia bella,
con todas las Jerarchias,
que assistis a su presencia*
Alabadle sol y luna,
y de su magnificencia,
y hermosura sed testigos
resplandecientes estrellas.
Alabadle, cielo empyreo,
que teneis la preeminencia,
pues cielo de cielos sois,
y corte de su grandeza.
Vuestra alabanza tambien,
cielo crystalino , sea,
con las aguas que su nombre
siempre alaben y engrandezcan.
El mismo lo dixo y quiso,
y de nada fueron hechas
todas las cosas criadas,
de su alabanza materia.
A todas las hizo firmes,
que siglos de siglos tengan
duracion en su sustancia,
aunque calidades truecan.
Precepto y orden les puso,
que de ningun modo alteran,
que sus preceptos divinos,
ni los mudan, ni los quiebran.
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? a Pastores db Bele? n.
Tambien le alabad vosotras,
o criaturas de la tierra,
fieros dragones y abismos,
aguas profundas y venas.
Y tu? , fuego elemental,
y el granizo que se engendra
de tres regiones que tiene
el ayre claro en la media.
Tu? , nieve , y tu? , hielo frio,
que en la infima congelas,
tu? , fuerza , y tu? , viento, causa
de tempestades sobervias.
Pues todos obedeceis
su santa palabra eterna,
que a su mandamiento humildes
nadie un atomo discrepa.
Y vosotros , montes altos,
collados y plantas llenas
de frutas, cedros hermosos,
dadle alabanzas eternas.
Vosotros, ganados mansos t
y vosotras, bestias fieras*
serpientes y aves aladas,
alabadle en ayre y selvas.
Reyes, Principes y Grandes,
y los pueblos que gobiernan,
los Ju? eces que los juzgan,
los nin? os y las doncellas.
Los mozos y los ancianos
todos a alabarle vengan,
que su santo nombre solo
ensalzado se contempla.
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? Libro primero.
Su confession y alabanza,
porque todos le confiessan,
y assi cielo y tierra ensalzan
su gloria, su fortaleza,
su dignidad , su virtud,
y el brazo de su potencia>>
Tom. XVI.
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? H4
PASTORES DE BELEN.
LIBRO II.
"tVTO bien havia corrido el Alva las primeras
J2\j cortinas al nacimiento del sol, en cuyos
velos entre blancos y azules , desde lejos rever-
beraba , quando el valle de la torre de Belen
estaba tan cubierto de pastores y zagalas, como
de flores y arboles. Al montan? e? s Aminadab espe-
raban todos, con el deseo de saber las sabrosas
historias comenzadas, que a los que no se havian
hallado presentes aquella tarde, los dema? s por la
noche se las havian referido. Corria fresco el ay-
re , ya por los extremos del verano, menos
saludable y apacible; pero la vecindad del sol
templaba su malicia, clarificando las nubes, y es-
parciendo de la tierra las humidades. Retozaban
los corderillos unos con otros al son que la musi-
ca de las aves les hacia, y a quadrillas por los
prados parece que inventaban diversos juegos. Los
mastines buscaban el pan por los bagajes de los
aperos. Los toros se alejaban por las dehesas, y
todo junto detuviera la vista del mas regalado
cortesano , que por aquellos valles de caza , o de
camino passa? ra entonces. El cansancio de la jorna-
da, y la buena acogida del huesped, dixo Nemo-
roso, havra? causado, pastores, que no se haya a estas
horas levantado el nuestro. Entretengamos su au-
sencia con alguna cosa de las que saben hacer tan
en-
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? Libro segundo. tij
entendidos , tan valientes y tan gallardos mozos,
tan dispuestas, tan hermosas y tan gentiles serra-
nas. Parecio? bien a todos, y para principio de su
honesto entretenimiento Niseida y Lesbia canta-
ron assi:
Al murmurar sentada
Delia yacia de una clara fuente,
Delia hermosa cansada,
a donde con esmalte diferente
de diversas colores
la tierra junto al agua daba flores.
Una abeja cercando,
de hacer licor mas dulce deseosa ,
con el susurro blando
los bellos labios, la purpurea rosa
de aljo? far guarnecida,
cayo? en la tierra de su mano herida.
Al tiempo que el postrero
aliento respiraba, dixo al prado:
Que? dulcemente muero,
que? fin de tantas vidas envidiado,
pues hurto tan sabroso
yo se? que al mismo amor tiene envidioso.
Amor luego compuso
un tumulo de flores, y sobre ellas
aquestas letras puso:
No son humildes para empresas bellas:
Thyrsi lo oyo? , y de miedo
tras un verde arrayan se estuvo quedo.
Ps De-
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? n6 Pastores de Belen.
Dejad ahora las canciones humanas , aunque
tan honestas sean, o pastores de estos sagrados
valles , dixo Cloris, y pues esperamos relaciones
tan divinas, no salga por lo menos de virtudes
morales nuestro entretenimiento. Si se ha de tra-
tar de ellas , dixo Ergasto, declarame tu? un enig-
ma, hermosa Cloris. Si supiere, respondio? humil-
de Cloris discreta, y si no perdonara? s, Ergasto,
mi ignorancia. El pastor, satisfaciendo a su descon-
fianza, propuso estos versos:
Decid , pastores, como se apellida
aquella, que entre montes fue nacida,
con siete letras entre espinas fieras,
de la qual, si quitais los dos postreras,
en mil no hallareis una,
tanto se estima, quando se halla alguna.
Rindio? se Cloris, perezosa de afligir su enten-
dimiento mas presto de lo que penso? Ergasto, y
e? l dixo : Aquel castan? o lleva la declaracion de
aquesta enigma , entre cuyos herizos lo dice el fru-
to, de quien si quitas las dos postreras letras, que-
da la virtud que en la muger resplandece mas,
que es el ser casta. < Pues por que? dices , replico?
N? iseida, que en mil no se hallara? una ? agravio
es esse a las mugeres. Mejor huvieras dicho, que
en mil no hay una que no lo sea. Mira , Niseida,
dixo Ergasto , quando una cosa se quiere encare-
cer , con hacerla rara al mundo, parece que lo
queda en todo rigor. Demas de que bien sabeis
vosotras el peligro que la hermosura ha corrido
ea
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Aminadab, dieron un cinto de tigre, que por
lindos que eran los tachones, passador y hevilla,
eran mas lucidas las manchas. A la tercera un
vaso de unicornio precioso, aunque pequen? o, cu-
yo pie era una mano, que le tenia assido. A la
quarta dieron un carcax de flechas, las plumas
de colores, los quadrillos de acero, el cuero de
? ? Generated for (University of Chicago) on 2014-12-26 09:45 GMT / http://hdl. handle. net/2027/ucm. 5327369895 Public Domain, Google-digitized / http://www. hathitrust. org/access_use#pd-google
? . Libro primero. 103
becerro argentado de plata, y una cinta de seda
de tres colores , para llevarle al hombro. Advir-
tio? a este tiempo Palmyra al divertido mozo, de
que se dormia el cansado viejo , y despidiendose
de entrambos, dio? lugar al ageno suen? o, no le
hallando para su cuidado en la distancia de la
noche, con ser de las mayores del an? o: porque
amor en ios principios todo es desvelos , en los
medios zelos, y en los fines desengan? os. Estando
pues en esta confusion el pastor, salio? dos o tres
veces a ver nacer el Alva, con el conocimiento
que tenia de la estrella que la aposenta , mos-
trandose por la raya del horizonte, primero que
sus rayos le clarifiquen, una de las quales oyo?
cerca de la caban? a dos pastores, que con dos
instrumentos acordados cantaban de esta suerte:
ERGASTO, DELIO, LAURO.
Lauro.
A ti? siempre, dulcissima Mari? a,
a ti mi voz y mi instrumento cante,
esforzando su rustica harmonia.
Delio.
I A quien invocare? que me levante
de la bajeza del estilo mio,
en alabanza del divino infante?
Lauro.
? Sera? Thalia, Melpomene t o Clio
para cantar de ti ? mas son humanas,
y del furor humano me desvio.
De-
? ? Generated for (University of Chicago) on 2014-12-26 09:45 GMT / http://hdl. handle. net/2027/ucm. 5327369895 Public Domain, Google-digitized / http://www. hathitrust. org/access_use#pd-google
? 104 Pastores de Belek,
Delio.
No quiero yo invocar Mu as profanas,
sino a tu madre , que es divina Musa,
thesoro de las gracias soberanas.
Lauro.
Tu luz, divino infante , no se escusa,
pues canto de la Virgen que te encierra,,
en quien toda la gracia esta? difusa.
Delio.
Ya te espera, Sen? or, la humilde tierra,
dichoso el dia , que del claustro santo
salgas a ser la paz de nuestra guerra.
Lauro.
Virgen, < que? te dira? mi humilde canto ?
dira? que eres oliva, huerto y fuente,
del cielo gloria, y del infierno espanto.
Delio.
Nin? o ^ que ahora luz indeficiente
esta? s en los crystales de Mari? a,
a la fe de las almas transparente.
. ' ' Lauro.
Virgen, jin? as clara que la luz del dia,
puerta del cielo, celestial Aurora,
de los mortales campos alegria.
: Delio.
Nin? o, que imaginado me enamora,
cifrado en la virginea esphera breve,
que te merece, y te sustenta ahora.
Lauro.
Virgen , mas pura que la blanca nieve,
que de la boca procedio? del austro,
quando en los montes la condensa , y llueve.
De
? ? Generated for (University of Chicago) on 2014-12-26 09:45 GMT / http://hdl. handle. net/2027/ucm. 5327369895 Public Domain, Google-digitized / http://www. hathitrust. org/access_use#pd-google
? Libro primero. io$
Delio.
Nin? o, que en esse inta&o y virgen claustro,
te coronan mas luces , que a la estrella,
que va delante del luciente plaustro.
Lauro.
Virgen , mas que la luna casta y bella,
palma sobre los montes Idumeos,
que el sol corona, y que se viste della.
D E l i o.
Nin? o David, que a tantos Philisteos
has de cortar el cuello con su espada,
y consagrar al templo los tropheos.
Lauro.
Perdona , si mi lyra mal templada,
o "Virgen, no celebra tu hermosura,
de los divinos coros celebrada.
De lio.
Perdona, Nin? o, tu? por la blandura
y divina humildad , con que has cifrado
tu sol en essa luna blanca y pura.
Lauro.
O Virgen, como estoy enamorado,
no es mucho "que me falten las razones,
que es proprio a un grande amor hablar turbado,
DlLlO.
Infante, robador de corazones,
alla? te llevas , donde esta? s , el mio:
mira, mi dulce bien, donde le pones.
Lauro.
Mis suspiros y lagrimas te envio,
pastora de la fertil Palestina,
candida piel del celestial rocio.
Tom. XVI. O Db-
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? io6 Pastores de BilbN.
De lio.
O quie? n, quando passaba peregrina
por este prado al monte de Judea,
viera a tu madre celestial divinal
Lauro.
Purpurea Virgen, donde Dios emplea
su saber y poder, ? quie? n tan dichoso
te viera al passo de su pobre aldea!
D e l i o.
Lauro , no dudes, que de aquel frondoso
laurel las ramas y las verdes bacas
sembrara por el suelo venturoso.
Lauro.
Esta? is ahora, corderillas flacas,
no hay hierba , que los ayres del hibierno
arranca a los rediles las estacas.
D E L I O.
Yo la buscara un corderillo tierno,
que aun retozar no sabe, a quien le cria
para la madre del cordero eterno.
Lauro.
Yo blanca leche de una oveja mia,
que en la hierba olorosa la cociera,
que por buena se llama de Mari? a.
Deiio.
Yo conservados nltperos truxera
en paja y heno, que en el heno y paja
el mundo el fruto de su vientre espera.
Lauro.
Un queso tengo yo, que en mi tinaja
acejte incorruptible le comerva,
que en su humidad la sequedad ataja.
De-
? ? Generated for (University of Chicago) on 2014-12-26 09:45 GMT / http://hdl. handle. net/2027/ucm. 5327369895 Public Domain, Google-digitized / http://www. hathitrust. org/access_use#pd-google
? Libro primero. 107
Dblio.
Puesta en las flechas ponzon? osa hierba,
saliera al monte yo, qu^ no muy lejos
tiene su alvergue una pintada cierva.
Lauro.
No faltara? n los timidos conejos,
o algunos tordos, mirlos y zorzales,
que vuelan por las hayas y los tejos.
Delio.
? O que? truxera yo de los servales,
que cercan esta fuente, y de aquel monte
madron? os, como cuentas de corales!
Lauro.
No merecio? tu luz nuestro horizonte,
ztlosia del sol, hermosa nin? a,
que mucho que a otro cielo se transmonte.
Delio.
Rosa de Jerico? , de Engadi vin? a,
produce ya esse balsamo precioso,
que de olor celestial los prados cin? a.
Lauro.
Danos , o palma, esse racimo hermoso,
danos, o fuente, esse crystal divino,
danos , abeja , esse panal sabroso.
Delio.
^ Que la llena de gracia, Lauro, vino
por nuestro valle? < que camine el cielo,
y que no le saliessen al camino?
Lauro,
? Que? linda inteligencia el azul velo
de su Virgen esphera moveria ,
llevando a Dios la que le traxo al suelo!
O 2 ? Que?
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? io8 Pastores de Belen.
Delio.
? Que? notable contento que daria
a su prima Isabel, y a sus pastores,
viendo el cielo portatil de Mari? a !
Lauro.
? Hai, Delio! ? que? dulcissimos amores
debieron de decirle a dulces coros,
dando a sus plantas lagrimas y flores I
Delio.
? Que? tenga aquesta tierra dos thesoros,
como Mari? a y este Nin? o santo,
y no se rompan sus terrestres poros!
Lauro.
Produzca el lirio, el nardo y el acanteo,
en vez de coloquintidas el.
suelo,
que merecio , pastores , favor tanto.
. Delio.
Discurra el tiempo el variar del cielo,
trayga los siglos, que no havra? . ninguno
de tanta dicha y de mayor consuelo.
E r g a s t o.
? Pastores , no dira? siquiera alguno
de su esposo Joseph alguna cosa
en tiempo de su loor tan oportuno?
Quando alabais de Jerico? la rosa,
? es. mucho que digais que esta doncella ?
es del casto Joseph, Virgen esposa?
Quando decis que es pura ,intacta y bella,
decid que Dios escoge un hombre puro,
que sirva de Angel para estar con ella.
Que aunque deste castillo es Dios el muro,
tiendo el casto Joseph su barbacana,
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? Libro primero. 109
de la vista mortal esta? seguro.
Si Dios tuvo en su idea soberana
para madre del Verbo esta doncella,
que le vistio de carne y sangre humana,
Tambien tuvo a Joseph, que esta? con ella
casado por acuerdo soberano,
que desde entonces pudo merecella.
Es rama de Jcsse? , de aquel anciano
tronco del arbol deste fruto inmenso,
que mas de un cetro le ocupo? la mano ?
Que haver venido a tal pobreza pienso,
porque para nacer Dios en la tierra
de aquel claustro santissimo inofenso ,
No quiso la riqueza vil que encierra
el imperio del mundo, sino casa
que la adorne un cepillo y una sierra.
Mas porque ya la obscura noche passa ' <
huyendo al mar del Alva presurosa,
que assoma el blanco pie con luz escasa;
Y de la boca celestial de rosa
vierte las perlas , que las hojas beben ,
de verse tan gentil vanagloriosa.
Quando a essos prados las ovejas lleven
los de aquestas cabanas, cantaremos
lo que a Joseph nuestros ingenios deben ?
Entonces si s grandezas pintaremos,
si puede ser, que a tantas alabanzas,
como merece y tiene, alguna demo>>
conforme a las futuras esperanzas.
No se puede encarecer el alegria que sintio? en
su alma Aminadab con el amebeo canto de los
pas-
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? no Pastores db Belbn.
pastores, oyendo alabar la pura inmaculada Vir-
gen , y el Nin? o santissimo, que habitaba sus can-
didas entran? as. Mucho encarecio? la devocion de
Delio, mucho estimaba el amor de Lauro : mas
aunque estas eran mas justas, agradecio? a Ergas-
to sumamente que celebrasse al Santo Joseph , ya
tan cerca de tener titulo de padre de aquel Sen? or
inmenso, unigenito Hijo del Eterno , que eter-
namente le engendro? igual consigo, y le comuni-
co? la essencia de su divinidad. ? O Sen? or inefable,
qual esta? la tierra deseando vuestra venida ! de-
cia el pastor enternecido : dadle este alegre dia
de vuestro nacimiento, Emanuel hermoso. Mi-
rad , Nin? o santissimo, que se deshacen estos mon-
tes , se rompen estas pen? as, estas fuentes os lla-
man , que no quiero , soberano mayoral, encarece-
ros el sentimiento de las entran? as de vuestros
pastores. ? Qua? ndo , Principe de paz , la can-
tara? n los cielos, y aparecera? en la tierra vuestro
sol ? ? Mas hai, dulce esperanza mia, que? os pre-
gunto, faltando tan pocos dias para este bien, y
teniendo ya la possession nuestra naturaleza de
vuestra majestad , puesto que admirada y absor-
ta de cosa tan estupenda! Los Angeles os bendi-
gan, los cielos, los planetas, la tierra, el mar y
los hombres , que yo , pues amanece el Al va , y
faltan tan pocas para la vuestra, quiero cantaros
el Psalmo 148. con mi grossera voz y rustico
instrumento:
Ala-
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? Libro primero.
Alabad a vuestro Dios,
altas virtudes excelsas,
que en los cielos habitais
sobre la decima esphera.
Alabadle todos juntos,
Angeles, milicia bella,
con todas las Jerarchias,
que assistis a su presencia*
Alabadle sol y luna,
y de su magnificencia,
y hermosura sed testigos
resplandecientes estrellas.
Alabadle, cielo empyreo,
que teneis la preeminencia,
pues cielo de cielos sois,
y corte de su grandeza.
Vuestra alabanza tambien,
cielo crystalino , sea,
con las aguas que su nombre
siempre alaben y engrandezcan.
El mismo lo dixo y quiso,
y de nada fueron hechas
todas las cosas criadas,
de su alabanza materia.
A todas las hizo firmes,
que siglos de siglos tengan
duracion en su sustancia,
aunque calidades truecan.
Precepto y orden les puso,
que de ningun modo alteran,
que sus preceptos divinos,
ni los mudan, ni los quiebran.
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? a Pastores db Bele? n.
Tambien le alabad vosotras,
o criaturas de la tierra,
fieros dragones y abismos,
aguas profundas y venas.
Y tu? , fuego elemental,
y el granizo que se engendra
de tres regiones que tiene
el ayre claro en la media.
Tu? , nieve , y tu? , hielo frio,
que en la infima congelas,
tu? , fuerza , y tu? , viento, causa
de tempestades sobervias.
Pues todos obedeceis
su santa palabra eterna,
que a su mandamiento humildes
nadie un atomo discrepa.
Y vosotros , montes altos,
collados y plantas llenas
de frutas, cedros hermosos,
dadle alabanzas eternas.
Vosotros, ganados mansos t
y vosotras, bestias fieras*
serpientes y aves aladas,
alabadle en ayre y selvas.
Reyes, Principes y Grandes,
y los pueblos que gobiernan,
los Ju? eces que los juzgan,
los nin? os y las doncellas.
Los mozos y los ancianos
todos a alabarle vengan,
que su santo nombre solo
ensalzado se contempla.
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? Libro primero.
Su confession y alabanza,
porque todos le confiessan,
y assi cielo y tierra ensalzan
su gloria, su fortaleza,
su dignidad , su virtud,
y el brazo de su potencia>>
Tom. XVI.
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? H4
PASTORES DE BELEN.
LIBRO II.
"tVTO bien havia corrido el Alva las primeras
J2\j cortinas al nacimiento del sol, en cuyos
velos entre blancos y azules , desde lejos rever-
beraba , quando el valle de la torre de Belen
estaba tan cubierto de pastores y zagalas, como
de flores y arboles. Al montan? e? s Aminadab espe-
raban todos, con el deseo de saber las sabrosas
historias comenzadas, que a los que no se havian
hallado presentes aquella tarde, los dema? s por la
noche se las havian referido. Corria fresco el ay-
re , ya por los extremos del verano, menos
saludable y apacible; pero la vecindad del sol
templaba su malicia, clarificando las nubes, y es-
parciendo de la tierra las humidades. Retozaban
los corderillos unos con otros al son que la musi-
ca de las aves les hacia, y a quadrillas por los
prados parece que inventaban diversos juegos. Los
mastines buscaban el pan por los bagajes de los
aperos. Los toros se alejaban por las dehesas, y
todo junto detuviera la vista del mas regalado
cortesano , que por aquellos valles de caza , o de
camino passa? ra entonces. El cansancio de la jorna-
da, y la buena acogida del huesped, dixo Nemo-
roso, havra? causado, pastores, que no se haya a estas
horas levantado el nuestro. Entretengamos su au-
sencia con alguna cosa de las que saben hacer tan
en-
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? Libro segundo. tij
entendidos , tan valientes y tan gallardos mozos,
tan dispuestas, tan hermosas y tan gentiles serra-
nas. Parecio? bien a todos, y para principio de su
honesto entretenimiento Niseida y Lesbia canta-
ron assi:
Al murmurar sentada
Delia yacia de una clara fuente,
Delia hermosa cansada,
a donde con esmalte diferente
de diversas colores
la tierra junto al agua daba flores.
Una abeja cercando,
de hacer licor mas dulce deseosa ,
con el susurro blando
los bellos labios, la purpurea rosa
de aljo? far guarnecida,
cayo? en la tierra de su mano herida.
Al tiempo que el postrero
aliento respiraba, dixo al prado:
Que? dulcemente muero,
que? fin de tantas vidas envidiado,
pues hurto tan sabroso
yo se? que al mismo amor tiene envidioso.
Amor luego compuso
un tumulo de flores, y sobre ellas
aquestas letras puso:
No son humildes para empresas bellas:
Thyrsi lo oyo? , y de miedo
tras un verde arrayan se estuvo quedo.
Ps De-
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? n6 Pastores de Belen.
Dejad ahora las canciones humanas , aunque
tan honestas sean, o pastores de estos sagrados
valles , dixo Cloris, y pues esperamos relaciones
tan divinas, no salga por lo menos de virtudes
morales nuestro entretenimiento. Si se ha de tra-
tar de ellas , dixo Ergasto, declarame tu? un enig-
ma, hermosa Cloris. Si supiere, respondio? humil-
de Cloris discreta, y si no perdonara? s, Ergasto,
mi ignorancia. El pastor, satisfaciendo a su descon-
fianza, propuso estos versos:
Decid , pastores, como se apellida
aquella, que entre montes fue nacida,
con siete letras entre espinas fieras,
de la qual, si quitais los dos postreras,
en mil no hallareis una,
tanto se estima, quando se halla alguna.
Rindio? se Cloris, perezosa de afligir su enten-
dimiento mas presto de lo que penso? Ergasto, y
e? l dixo : Aquel castan? o lleva la declaracion de
aquesta enigma , entre cuyos herizos lo dice el fru-
to, de quien si quitas las dos postreras letras, que-
da la virtud que en la muger resplandece mas,
que es el ser casta. < Pues por que? dices , replico?
N? iseida, que en mil no se hallara? una ? agravio
es esse a las mugeres. Mejor huvieras dicho, que
en mil no hay una que no lo sea. Mira , Niseida,
dixo Ergasto , quando una cosa se quiere encare-
cer , con hacerla rara al mundo, parece que lo
queda en todo rigor. Demas de que bien sabeis
vosotras el peligro que la hermosura ha corrido
ea
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