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Pues cuando la subjetividad (dicho tradi­
cionalmente: el alma humana) es un edificio complejo, o una ins­
talación palaciega intrincada, en cuyo interior más profundo reside
un Dios-Alto-Profundo apartado, entonces se comprende también
por qué el individuo, por regla general, sólo habita en un vestíbulo
de su interior más profundo y sólo en situaciones excepcionales de
su           consigue audiencia consigo mismo.