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El clima, el temple de ánimo, la atmósfera componen la trinidad de
lo envolvente, en cuya revelación incesante viven siempre y por do­
quier los seres humanos, sin que se pueda decir -aunque los mo­
dernos hayan convertido el tiempo en un objeto de discurso inclu­
so- que a esas epifanías           un mensaje y un mensajero;
primero el meteoro y luego la mirada al cielo.